El húngaro Robert Capa, referente del fotoperiodismo más vocacional, dijo una vez que “las fotos están ahí esperando que las hagas” y su colega de profesión Sergi Reboredo (@SergiReboredo) recorre medio mundo con el objetivo de hacer de esta frase su bandera y cazar cada imagen de la realidad que se vive. Por su lente han desfilado mundos, culturas, ciudades y rostros de todo tipo procedentes de países como Brasil, Tibet, Vietnam o Nueva York.

Crítico y comprometido, ha hablado a través de su cámara del hambre, la guerra, las enfermedades, la felicidad o la tristeza más absoluta. Y lo ha hecho para publicaciones como National Geographic, La Vanguardia o El Mundo, que le han reportado numerosos premios del sector como los concedidos por Tourism Flanders o Ecologistas en Acción.

¿Es necesaria la vocación para que una persona decida enfrascarse en un terreno laboral tan complicado como es el del fotoperiodismo?

Por supuesto que es necesaria, sin ella sería imposible dedicarse. Nos damos cuenta cuando valoramos el riesgo que corremos y lo mal pagado que está este mundo. Aunque no es la única característica que debemos tener para poder dedicarnos al fotoperiodismo. También hace falta una formación adecuada, en la cual todo suma como, por ejemplo,  conocimientos de idiomas y otras habilidades. Ser un buen observador y tener ganas de explicar todo lo que sucede alrededor, es decir, tener mucha curiosidad. Tener muchísimas ganas, no solo de hacer fotos sino también ganas de luchar y de crecer y de aguantar la maratón de obstáculos que encontrarás en el camino. También ser muy autocrítico y tener un nivel elevado de auto-exigencia. Eso ayuda mucho a mejorar día a día.

¿Alguna vez te has visto ante el ‘escenario’ de la fotografía de tu vida? ¿Cómo te preparas técnicamente para realizar una fotografía cuando crees tenerla delante? 

Tal y como decía Imogen Cunningham, “mi fotografía perfecta es la que haré mañana”. Todavía no me he encontrado ante ese escenario perfecto o esa fotografía de mi vida. Cada encargo intento fotografiarlo lo mejor posible e intento mejorar día a día. Mi equipo varía mucho en función de las necesidades. Por poner un ejemplo, el trípode en muchas ocasiones se queda en casa, igual que el teleobjetivo. El equipo básico y que siempre viaja en un cuerpo de cámara Nikon d-800 y ópticas de focal fija como el 28mm, 35mm, el 50mm y el 85mm. Mi favorito es el 28mm.

¿Cuáles son los momentos más duros y apasionantes que has vivido como fotoperiodista y cuáles te gustaría vivir o te hubiera gustado vivir?

Quizás el mayor impacto fue cubrir la guerra de Irak durante unas pocas semanas. Es duro ver cómo muere la gente. Me hubiera gustado cubrir guerras o conflictos pasados, como la Guerra de Vietnam, cuando el fotógrafo todavía no formaba parte del enemigo a abatir.

¿Cuáles son los países, culturas y paisajes que más te han sorprendido a lo largo de tu carrera?

No tengo un país especial, ni una cultura favorita. Todos los encargos en diferentes países me aportan nuevos aprendizajes, nuevas sorpresas, nuevas amistades y muchas ganas de fotografiar. Cuando viajo simplemente por placer casi siempre busco Asia.

¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes del trabajo como freelance?

La principal ventaja es que no tienes jefes ni horarios y tú eres el que aceptas o no un encargo. El principal inconveniente es que no sabes lo que vas a cobrar al mes siguiente.

¿Existe interés por el fotoperiodismo en formato libro?

Es un campo limitado porque estamos hablando de un público reducido y, además, hay que tener en cuenta que los libros de fotoperiodismo suelen tener un coste elevado, ya que se cuida mucho el papel y las tintas. Ediciones limitadas y tiraje de calidad implica casi siempre precio desorbitado, por lo que es muy complicado sacarlos adelante. En la actualidad la mayoría de ellos salen adelante gracias al crowdfunding.

¿El último libro sobre fotoperiodismo al que le has echado el guante?

Mi última adquisición ha sido The Americans, expanded edition, de Robert Frank. La mejor aproximación a la cultura y a los habitantes de Estados Unidos de los años 50-60. Sin duda un libro imprescindible.

Foto: Sergi Reboredo