De un lado, el periodismo entendido como habilidad para dar a conocer novedades a una sociedad que necesita interpretar los hechos que acontecen. Del otro, la comunicación, entendida como las habilidades periodísticas puestas a disposición de entidades, empresas, marcas o instituciones con necesidades de difundir sus investigaciones, avances, productos, promociones, de condicionar la agenda de la competencia o de erigirse en fuente informativa del primer lado.

Ambas caras de la profesión son necesarias; la primera, porque las sociedades democráticas necesitan valerse de herramientas veraces que alimenten y consoliden cultura, servicio público, debate, diálogo y transparencia.

La segunda, porque las aptitudes de los profesionales de la información son imprescindibles para aplicar un criterio, una estrategia, un sentido de la ética en su relación empresarial, una praxis y una estructura planificadas, donde el contenido de calidad, la especialización y el conocimiento de las rutinas de los profesionales que se encuentran “en el otro lado” son prioritarios.

Con todo, ambos polos confluyen o se contaminan en numerosas ocasiones por la coincidencia interesada de versiones informativas, la obsesión por las audiencias o el retorno de inversiones realizadas para aparecer en soportes masivos.

En este sentido, es importante diferenciar también entre cualidad y cantidad. La cualidad podemos entenderla como la especialización con capacidad para influir a un determinado número de personas, no necesariamente masivo, que no tienen una decisión de compra armada de un producto o servicio determinado, sin un voto decidido o con una opinión difusa respecto a un hecho informativo de actualidad. El papel del profesional que difunde informaciones de este calado pasa por ser fuente, prescriptor e informador, dependiendo del lado de la información en que se ubique: medio de comunicación/blog o institución/empresa/entidad.

Y respecto a la cantidad asociada a una comunidad o audiencia potencial, podemos entenderla como el destinatario de los mensajes que se difunden desde ambos lados de la profesión periodística. O el número de personas afines que siguen a un perfil profesional, incluidos los periodistas que leen a otros plumillas o a otras fuentes informativas de calidad como los blogueros especializados en determinadas materias.

A diferencia del cualitativo, el aspecto cuantitativo no garantiza necesariamente la credibilidad de las informaciones, como tampoco lo hace con los impactos o la influencia. Precisamente, en una sociedad cada vez más sobreinformada, el aspecto cualitativo gana fuerza respecto al cuantitativo. Ahí es donde residen, realmente, otros conceptos responsables o mercantilistas asociados a la tarea comunicadora, el retorno de la inversión. ¿Influyo más por llegar a cuántas personas? ¿Cómo soy capaz de ser influyente en mi sector gracias a ser fuente para consultas relacionadas con los ámbitos especializados del mismo? En el top, la cualidad más cuantitativa. ¿Filosofía comunicativa? Quizás, aunque real.

Posted by @os_delgado