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La comunicación es primaria, tanto como las relaciones públicas interpersonales basadas en la empatía, el interés o la curiosidad. En pleno contexto tecnológico en que las máquinas inteligentes ayudan a las inteligencias físicas a ser más prácticas, conceptos tradicionales como el del telefonazo son poco entendidos, y menos practicados, por quienes nacen, crecen, se reproducen y aún no mueren a golpe de Whatsapp. Los herederos del SMS, de la carta enviada sin Tipp-ex a destinatarios enamorados en verano, de los rollos de tinta Olivetti en rojo y negro, de los diales analógicos de los teléfonos de la CNTE o de los teletipos kilométricos recogidos del receptor de la redacción de turno pueden ser identificados como privilegiados en dicho contexto. Siempre y cuando sean del polo integrado de los hechos, de los que creen en la innovación como aliada de su evolución profesional. Del cóctel entre ambos polos surge la esencia de un mensaje bien comunicado que alcanza una meta divulgativa, informativa, publicitaria o revolucionaria.

Hace 10 años una persona bien contactada, con las falanges manchadas de tinta y la del dedo gordo endurecida por la bolita de la Blackberry, podía practicar tan bien la sincronía entre lo nuevo y lo viejo para las tareas propias del comunicador y relaciones públicas como hoy, cuando es más difícil escribir con boli y las BB están en vitrinas remember. Pero es más sencillo tener aprehendido el mecanismo de siempre, el de saber a quién llamar para colocar un tema de interés periodístico, para invitar a hablar en un sarao especializado en ‘x’ hecho temático o para realzar la carga informativa latente de un servicio o producto empresarial; si a ese mecanismo suma la capacidad dinamizadora inherente de las plataformas actuales, de las apps, de los líderes de opinión que marcan pautas en esos ámbitos en convivencia con quienes siempre las han marcado en las redes sociales tradicionales. Porque redes sociales han sido siempre estructuras en torno a las cuales personas afines han sincronizado sus intereses a favor de establecer comunicación efectiva, conectar conocimiento y practicar el hoy denominado networking. Y lo han hecho con referencias y referentes puntuales que han marcado dinámicas de comportamiento, estados de opinión o consejos para consumir.

Si a la comunicación de siempre le añadimos el aderezo de las herramientas actuales, de la instantaneidad, de la velocidad visual, de la influencia del like, de la potencia digital de los medios de siempre, de la especialidad servida en blogs corporativos o de la base de datos construida a base de intereses segmentados -con o sin Excel– conseguimos una visión enriquecida de las relaciones públicas en su sentido más amplio. Relaciones públicas entre personas de siempre, personas de ahora, maquinitas que las unen y aplicaciones que enriquecen su experiencia, su agenda, sus contactos, su comunicación.

Un post de Óscar Delgado

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