Desde hace unos días estamos probando Mastodon, una red social creada en diciembre de 2016 compuesta por varias instancias o plataformas a partir de las cuales se establece el contacto con usuarios adscritos a las mismas o de éstos con los de otras. En las primeras probaturas comprobamos que reina cierta confusión entre los perfiles que interactúan en la red social, sobre todo para hacerlo de una instancia a otra y, especialmente, con el paso necesario para poder siquiera compartir mensajes: darse de alta como usuario. Lo que más claro queda es que ha nacido una red social para amortiguar el ruido unidireccional de Twitter, aunque lo haya hecho con la modestia de la dispersión y sin unas cifras de usuarios activos que de momento pueda llegar a preocupar al pajarito azul.

Nosotros hemos creado la cuenta de Óscar Delgado con el nick @360gradospress en la instancia Mastodon.at, una de las muchas que se encuentran en modo código abierto dentro de la Red. Y estamos utilizando Amaroq, la app para iOS para gestionar tu perfil desde el smartphone. Conectamos con esta red social de la que ya se empieza a hablar en España, donde ya hay más de 25.000 usuarios activos. Descubrimos que la interfaz es muy parecida a la de Tweetdeck, tanto por el aspecto como por la usabilidad. En la misma, puedes interactuar con usuarios de ‘Historias locales’ o de ‘Historias federadas’, esto es, mensajes compartidos por usuarios adscritos a la misma instancia en la que te has dado de alta como usuario; o con los publicados por internautas en otras instancias similares bajo la plataforma Mastodon.

Los mensajes en Mastodon se denominan toots y abarcan hasta 500 caracteres. La usabilidad, como se ha dicho, es muy similar a la de Twitter, pero reporta una sensación de lejanía respecto a la segunda. Es como regresar al pasado, cuando la red social de los 140 caracteres se componía de un círculo íntimo de profesionales con ganas de conversar de cosas distintas a las marcadas por la oficialidad. De hecho, cuando interactúas en Mastodon se percibe el mismo desconcierto en los usuarios que el que se vivía en Twitter cuando no era una herramienta utilizada como medio de comunicación. Porque se trata de asimilar un nuevo concepto de red social, más libre, dispersa en instancias, de código abierto, sin ataduras y en las que los trolls lo tienen más complicado para arremeter contra los usuarios de forma caprichosa porque se enfrentan a pequeñas familias de conversación en las que es más fácil detectar y bloquear al “intruso”. A ver hasta dónde llega el recorrido de este mastodonte social con ganas de hacer sombra al pajarito más famoso de la red.