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Periodismo científico en la exposición ‘Mètode: 100 números de ciencia’ en La Nau

La investigación científica sin divulgación padece de infravaloración crónica severa; corre el riesgo de no trascender el ámbito académico, invernadero en el que florece y a menudo también perece. La divulgación científica es esencial para que como sociedad valoremos la importancia de la investigación y, consiguientemente, vía impuestos, dotemos de recursos económicos al personal investigador. Por eso son necesarios proyectos como la revista Mètode, que en estos días cumple 100 números y lo celebra con una exposición en el Centro Cultural La Nau de la Universitat de València.

La muestra se detiene en los principales retos de la ciencia a través de la trayectoria de la revista editada por la universidad valenciana, que utiliza como hilo conductor las portadas de artistas como Manuel Boix, Rosa Torres o Rafael Armengol. Así, quien asista a la exposición de La Nau tendrá la oportunidad de revisar los contenidos que han ocupado el centenar de números que hoy llenan las estanterías de la universidad.

La exposición tiene orden cronológico y destaca algunos de los principales hitos que ha conseguido la publicación científica dirigida por Martí Domínguez, caso de los premios recibido a lo largo de su trayectoria, la creación de nuevos canales de comunicación como el canal de Youtube Mètode TV, o la creación de la revista indexada Mètode Science Studies Journal. Asimismo, la muestra incluye una pieza audiovisual mediante la cual algunas personas ligadas a la revista ofrecen su punto de vista sobre el papel de Mètode en la divulgación.

Cambio climático, genética, física, inteligencia artificial, medicina… son algunas de las temáticas que han poblado la revista, que nació en 1992 bajo la dirección de Olga Dénia y que desde 1998 está dirigida por el periodista y biólogo Martí Domínguez. A lo largo de su centenar de publicaciones, la revista ha creado un espacio de interacción entre ciencias y humanidades donde colaboran personalidades del mundo de la ciencia pero no sólo, también interviene gente del ámbito del arte, la filosofía, la sociología, la historia o la literatura.

Pero aparte del contenido meramente consultivo, la muestra también dispone de un concurso denominado “Tus porqués”, donde el público puede enviar sus dudas científicas y la revista contesta con voces expertas en la sección web “Los porqués de Mètode”. Además de obtener soluciones a las dudas planteadas, el concurso tiene un premio especial: entre todas las personas participantes se sortearán cinco suscripciones anuales.

Esta actividad de celebración de los 100 número de Mètode se enmarca dentro de la programación que el Centro Cultural La Nau de la Universitat de València ha organizado con motivo de su 20 aniversario, coincidiendo también con el 520 aniversario de la Universitat de València.

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La prensa se hace adicta al telescopio

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Una buena mañana, en algún lugar del cosmos, se produjo una explosión de tal intensidad que de ahí surgió el universo. De esa circunstancia hace aproximadamente 13.800 millones de años. Nadie, que se sepa, contó la noticia. Ni periodistas, ni agencias de comunicación, ni historiadores, ni siquiera arqueólogos. Hoy, las explosiones se harían virales en redes sociales, pero aquellos no eran tiempos de hiperconectividad. No fue hasta bien entrado el siglo XX —hace media hora en términos de tiempo cosmológico— cuando aquel acontecimiento se acuñó como Big Bang en la literatura científica. La expansión del universo, la formación de galaxias y estrellas, la teoría de la relatividad a la que tanta dedicación prestó Stephen Hawking y su idea de viajar en el tiempo… Otros conceptos astronómicos como Gran Atractor, Cuásar, Enana marrón o los Agujeros Negros fueron bautizados muy recientemente, a finales del siglo pasado, época en la que el astrofísico inglés publicó su Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros, la biblia del pensamiento de Hawking y uno de los textos de referencia de la divulgación científica. Fue uno de los cerebros más privilegiados de la historia, con Albert Einstein, por supuesto, y quizás el más mediático. Afectado por ELA, la enfermedad neurológica degenerativa con la que aprendió a convivir, su icónica estampa en silla de ruedas y su voz robótica gracias al software que sintetizaba sus palabras, Hawking puede que fuera el primer periodista especializado en astronomía y astrofísica. Sin saberlo. A fin de cuentas, fue un gran difusor de la ciencia, la popularizó, la hizo más digestiva sin perder un ápice de rigor.

En España, hasta hace poco la astronomía era materia privativa de revistas científicas y de divulgación, pero el interés creciente por la ciencia, y por esta rama en especial, ha llevado a medios generalistas a acercar el cielo y el firmamento a los ojos de los lectores. De vivir en un permanente eclipse a brillar como una estrella. Esa ha sido la astronómica evolución de la astronomía en los medios. Periódicos como El País o ABC dan bastante cancha a noticias sobre astronomía en sección propia, un asunto que también se hace hueco en el suplemento de Ciencia y Salud del diario El Mundo. Son apuestas editoriales regladas, aunque ejemplos de periodistas observadores del universo y divulgadores de sus secretos los hubo antes incluso en medios locales. Es el caso, por ejemplo, del valenciano Vicente Aupí en el diario Levante-EMV.

La labor de los periodistas de divulgación científica ha conseguido recortar la distancia sideral todavía existente entre el trabajo que realizan los físicos o astrónomos y, en palabras del ministro astronauta Pedro Duque, “lo que la gente conoce sobre su trabajo”. Hoy, en las agendas de los medios aparecen las lluvias de meteoritos, las Cuadrántidas, las Perseidas, los eclipses anulares de Sol, los de Luna…

¿Están respondiendo las Facultades de Periodismo en sus planes de estudios a la creciente demanda de información científica, en general, y astronómica, en particular? Quizás no a la velocidad que reclama la incipiente curiosidad y demanda por parte del público. Y ello pese a que los medios de comunicación confían estas informaciones a periodistas metidos a científicos y no a científicos en labores periodísticas. Es más, un estudio de Roger Cassany, Sergi Cortiñas y Albert Elduque evidencia que estos periodistas no solo carecen de formación universitaria científica, sino que tampoco la consideran necesaria.

En el auge de la información astronómica en España ha pesado, sin duda, la labor del Instituto Astrofísico de Canarias (IAC), como centro de investigación y divulgador de ciencia, así como el Telescopio Espacial Hubble (HST) y la actividad científica que generan ambos. También ha contribuido la Sociedad Española de Astronomía o la Fundación Starlight, creada por el IAC, y cuyo fin es la difusión de la astronomía y la lucha por salvaguardar el “cielo estrellado”, libre de contaminación lumínica y vital para la supervivencia de especies que necesitan de la oscuridad de la noche.

Por Abril Antara

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“Aspiro a que los lectores piensen que aún no está todo contado”

El periodista Antonio Martínez Ron se ríe al ser preguntado por el interés que en la actualidad pueda tener el Gobierno por la investigación científica, aunque ya no estemos sumergidos de lleno en la crisis económica. Una risa enlatada y sarcástica detrás de una temática a la que lleva dedicando gran parte de su carrera profesional, la ciencia, tanto en prensa como en radio y en televisión.

Es el responsable de proyectos digitales de divulgación exitosos como Naukas.com y Fogonazos.es, trabaja como redactor jefe de Next (Vozpopuli.com) y es colaborador de la revista Quo. También es autor de los libros El ojo desnudo (Crítica, 2016) y ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos?, director del documental El mal del cerebro y creador del podcast Catástrofe Ultravioleta.

¿Cómo definirías el periodismo en pocas palabras?

No recuerdo cuál era la definición canónica que nos daban en la facultad, pero te diría que el periodismo consiste en ir, tratar de entender y contar. No creo que haya un oficio más fascinante.

¿Cómo llegaste al periodismo científico?

Cuando yo estudiaba la carrera, el periodismo científico se mencionaba de pasada en una asignatura llamada ‘Periodismo especializado’, pero ni siquiera era una posibilidad real de futuro, al menos en mi universidad. Por suerte creo que las cosas han cambiado y ahora los estudiantes tienen otra perspectiva. Yo llegué al periodismo científico a la vez de rebote y de forma natural, porque eran el tipo de historias que siempre había querido contar y encontré la manera de dedicarme a ello.

Ahora que se vislumbra la luz después de años de crisis, ¿crees que se vuelve a dar algo más de importancia a la investigación científica desde el Gobierno o que no ha mejorado la situación?

(Risas enlatadas)

¿Cuál es el panorama actual de la divulgación científica en los medios generalistas? 

Hay honrosas excepciones, pero a mi juicio sigue siendo un panorama bastante desolador. Los medios siguen sin dedicar a la ciencia un espacio equivalente al que le dedican a otras cosas mucho menos relevantes para nuestras vidas.

¿No ha mejorado la situación entonces?

La divulgación está ganando terreno en algunos campos en concreto, como la nutrición, pero en otros sigue siendo un desierto. En los informativos de televisión, que siguen siendo una referencia para una mayoría de la población, sigue siendo raro que aparezca una noticia científica. Y cuando aparece es casi peor, porque a menudo se aborda sin rigor.

¿Cuál es la última noticia sobre ciencia que has conocido, de elevada relevancia, pero poca difusión en medios?

¡A ti te la voy a contar! ¡Ja, ja, ja! No, es broma. Puedes entrar en Next Ciencia y encontrarás muchas historias que te sorprenderán, pero que no has visto en los grandes medios o en horarios de máxima audiencia. En general siempre tiene más difusión lo más llamativo, aunque su trascendencia real sea menor. Por ejemplo, se han dedicado horas y horas al descapotable espacial de Elon Musk y a otras misiones de NASA o ESA, con resultados científicos interesantísimos, no se les dedica ni un minuto.

Siendo la ciencia una temática que en radio suele quedar más relegada a la noche, ¿cómo conseguías captar la atención del espectador radiofónico a través de tu colaboración en ‘Te doy mi palabra’?

En las tres temporadas y media en las que estuve intenté hacer lo que pude, llevando la ciencia a un público que no está muy familiarizado con ella. El truco está en contar historias que nos afectan a todos, ya sea nuestra salud, nuestra relación con la tecnología o nuestra forma de entender la realidad. Es lo que hacemos también en el podcast Catástrofe Ultravioleta y lo que hemos hecho en Onda Marciana.

¿Crees que la sociedad en general se ha hecho menos curiosa que en los años 70 y 80 con respecto a las informaciones de ciencia o que espacios de entretenimiento como Big Bang Theory han vuelto a reavivar ese interés a través de la comedia?

La sociedad siempre es curiosa, pero cambian los focos de atención. En los 70 y 80 aún estábamos fascinados por la carrera espacial; hoy nos flipan más las historias de robots y algoritmos, los coches automáticos o la posibilidad de vivir 200 años. Los intereses cambian de la misma manera que cambia la sociedad.

¿Qué destacas de lo que el lector puede descubrir a través de El ojo desnudo y ¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos??

Cuando escribo un libro intento transmitir, sobre todo, la fascinación por la ciencia y la manera en que se hacen los grandes descubrimientos. Y aspiro a que los lectores piensen que aún no está todo hecho ni está todo contado, ¡y que la realidad es alucinante!

Por @casas_castro