“El periodismo es una linterna para el mundo, que tiende a vivir en la opacidad”

“El periodismo es una linterna para el mundo, que tiende a vivir en la opacidad”

Periodista de izquierdas, escritora, feminista y activista de los derechos humanos, pero, ante todo, persona. Todo esto y mucho más es la mexicana Lydia Cacho, reportera con miles de piezas publicadas y doce libros de temática política, cultural y social que, como ella misma afirma, “no son hijos de un despacho o de un escritorio” sino que son “palabras tejidas en las calles del mundo, voces de miles de personas que precisan ser escuchadas”. También es la creadora del proyecto educativo multimedia ‘Somos Valientes’, centrado en el modelo de educación para la paz.

¿Cómo defines la profesión de periodista?

El periodismo es la tarea de comprender el mundo y lo humano, la búsqueda de la verdad a través de herramientas y metodologías formales apuntaladas en la ética. Es una profesión que requiere cultivar el conocimiento, la cultura, el estudio constante de las realidades locales y globales. Es una herramienta fundamental que debe transparentar lo político y lo público, siempre desde la perspectiva ética del contrapoder. Los medios deben ser un puente que una a quien informa con quien necesita de esa información para vivir de forma más segura, para hacer efectiva su proactividad ciudadana. Es una linterna para iluminar el mundo, que tiende a vivir en la opacidad.

¿Cómo es ser periodista en un país con libertad de prensa limitada como México?

Es complejo, por decir lo menos. La corrupción dentro de los medios de comunicación ha creado una gran opacidad en países como México. Los propietarios de medios se han coludido durante décadas con el sistema político por medio de la compra de publicidad oficial. Eso ha creado la exclusión de reporteras especializadas en investigación que, como yo, nos rehusamos a publicar filtraciones que tienen fines políticos o a recibir pagos relacionados con dinero sucio que entra en las redacciones. Por otro lado, cada vez se investiga y se paga menos. Ahora han inventado una patraña que los directivos llaman “curaduría de noticias”, que no es otra cosa que plagio de información en línea y reescritura. La mayoría de los periodistas de investigación como yo somos freelance porque los grandes medios se niegan a pagar el valor real de nuestro trabajo y a protegernos del riesgo que corremos al investigar a la delincuencia organizada que se ha infiltrado tanto en la política como en varios periódicos de diferentes provincias. Por otro lado, estamos en riesgo constante, porque el integrar esas miradas y lenguajes a la investigación e, incluso, al periodismo de opinión o a la crónica periodística ha permitido evidenciar cómo la corrupción, el machismo, la guerra contra las drogas y la impunidad institucional construyen un corpus ideológico que permea a los partidos gobernantes y a las élites económicas. Y algunos líderes intelectuales, que se protegen entre sí e intentan destruir nuestra credibilidad o incluso arrebatarnos la vida y la libertad de expresión por vías ilícitas a través del aparato de justicia institucional. El reto es enorme y tenemos una gran responsabilidad de asumirlo con inteligencia estratégica para proteger nuestras vidas, las de nuestras fuentes y, al mismo tiempo, cumplir con la tarea que la sociedad nos ha confiado.

¿Y, además, siendo mujer y feminista?

El feminismo estaba mal visto hace treinta años, cuando comencé a trabajar en redacciones eminentemente masculinas en las que el acoso sexual y la descalificación eran pan cotidiano. Ahora el panorama ha cambiado gracias a la incursión de las mujeres en la profesión. Somos nosotras quienes integramos la perspectiva de género, de derechos humanos y de derechos de la niñez en la narrativa periodística y muchos hombres se han sumado a las nuevas corrientes. Este es el logro más grande en el periodismo de este siglo.

¿Cómo está siendo la oleada feminista que se está viviendo en los últimos años allí?

El movimiento feminista mexicano está muy vinculado a redes de organizaciones no gubernamentales de toda Latinoamérica. Eso le fortalece de una forma extraordinaria. Desde Chile y Argentina hasta Guatemala y México las redes de feministas han tenido grandes logros que han permitido transversalizar la libertad y la voz de las mujeres, niñas y niños en toda la gama de derechos. Estos movimientos se ven reflejados en la cobertura periodística del movimiento desde una perspectiva más global, como en los más recientes casos de la legalización de la terminación del embarazo en Argentina, las tomas universitarias de Chile, el caso de ‘La Manada’ en España o la expulsión del PRI en las elecciones más recientes de México. Todos están vinculados a la fuerza y a la unión de los diversos movimientos de mujeres a los cuales se han sumado cada vez más hombres. Las nuevas generaciones de feministas de entre 20 y 35 años han logrado integrar la narrativa del feminismo postmoderno a las redes sociales de una manera novedosa y profundamente útil. Gran cantidad de niñas y niños que he entrevistado en los últimos dos años tienen integrada la igualdad de género en su visión del mundo. Ese es un logro enorme del feminismo: que la sociedad conozca los efectos tóxicos del machismo en todas sus formas y comience a rechazarlo con una crítica basada en el conocimiento más que en la rabia o el miedo. Por otro lado, al igual que en España, hay un efecto boomerang del machismo recalcitrante que quiere amedrentar a las mujeres y a los hombres proigualdad por medio de las violencias tanto físicas como cibernéticas. En este momento el movimiento civilizatorio más importante se relaciona con la erradicación del machismo como valor cultural, por eso justamente acabo de publicar un libro, que pronto saldrá en España, denominado #EllosHablan: testimonios de hombres, la relación con sus padres, el machismo y la violencia.

¿Y en el caso del colectivo LGTBI? ¿Cómo se vive en las calles de las grandes ciudades?

Como en el resto del continente, aún hay discriminación y fobias que surgen de los movimientos conservadores y eclesiásticos, dependiendo de la región en que se viva. En México hay una gran cantidad de activistas por la diversidad que han creado una cultura de integración social importante. El arte ha sido una gran herramienta para acercar a la gente a estos movimientos. En la Ciudad de México, por ser la capital del país, hay mucha mayor aceptación. Eso crea una falsa ilusión de progreso respecto a los derechos de personas que no viven en la heteronormatividad. La transfobia es probablemente la más difícil de erradicar en mi país. Los avances son importantes y no deben escatimarse, pues son producto de décadas de movilización social y de cobertura periodística, que ha dado cuenta de los liderazgos en diferentes grupos proequidad.

¿Cuáles son las claves para realizar periodismo de paz de calidad, con recorrido social?

El periodismo de paz es una mirada integradora que va más allá de la investigación de hechos y del periodismo de datos, porque nos permite mostrar todos los daños colaterales, mirar el origen y las posibles salidas a los conflictos creados por la desigualdad, el crimen, la corrupción, el modelo económico o el abuso. No se trata de aleccionar sobre la paz: es un método para identificar cómo se construyen las violencias sistémicas, individuales y colectivas y cuáles son sus instrumentos normalizadores en la cultura. Por eso es en sí mismo un periodismo de largo aliento que permite dialogar desde la ética todas las realidades. Creo que el mayor aporte que hacemos quienes lo practicamos es justamente alejar al periodismo de los lugares comunes, la normalización del prejuicio y la transformación del lenguaje y, por tanto, de la narrativa noticiosa. Las y los periodistas y la política interna de un medio puede fomentar violencia y justificarla, demonizar o culpabilizar a las víctimas. En esa medida todo periodismo responsable debe asumir el rol que juega como portador de elementos culturales y políticos.

¿En qué consiste el proyecto ‘Somos Valientes’?

Nació a partir de años de investigar los crímenes más terribles. Descubrí la capacidad de resiliencia de niños, niñas, jóvenes y mujeres que, al convertirse en sobrevivientes, eligieron el camino de la empatía y la ayuda a las y los demás en lugar del camino de la venganza y la reproducción de la violencia. Por otro lado, me interesa demostrar que a quienes nos llaman heroínas o heroes por nuestra valentía e integridad, el sistema nos pone en pedestales para hacer creer que somos excepcionales. Yo estoy segura de que soy una mujer común con convicciones y solidez intelectual y que hay millones de personas cuyas aportaciones son benéficas a la sociedad. En ese sentido quise explorar la valentía desde la niñez creando una miniserie documental en la que entrevisté a niñas y a niños de diferentes provincias y ciudades que explican su mirada a la realidad y sus actos de valentía en un mundo que les mantiene en riesgo constante. Queremos hablar de la valentía como un valor social de seres sentipensantes, retar al machismo que destruye la fibra e integridad de niñas y niños.

¿Qué supone para ti haber recibido el Premio Reporteros del Mundo del periódico El Mundo? ¿Es la de los reporteros de calle una labor suficientemente valorada?

Siempre me sorprende ser premiada por hacer algo que me fascina, así que este premio me hace sentir honrada de que mi trabajo se conozca tanto en España y a la vez me permite recordarles a los mafiosos y políticos corruptos que nunca me detendré en mi labor periodística. También recordar a mis colegas que los medios deben ser autocríticos para tener el respeto de su audiencia. Las y los reporteros recibimos las peores pagas y nos la jugamos para hacer eso que sabemos hacer, pero al final siempre lo vale. La verdad nunca debe perder su valía e importancia, en especial en la era de las falsas noticias y el plagio indiscriminado y manipulador de nuestro trabajo. Hace falta devolverle la dignidad al periodismo, ahora más que nunca, puesto que somos capaces de incidir en políticas públicas, de incitar al diálogo, de, como dice Vicenç Fisas, romper distancias y estimular exigencias sociales.

¿Cómo te enfrentas a la página en blanco cuando comienzas a escribir un libro?

Soy una escritora disciplinada y escribo a diario: esté donde esté llevo mis libretas, documentos pequeños o grandes hechos, tomo fotos, hago apuntes, escribo ideas, citas de libros que estoy leyendo o epifanías que suceden cuando escucho a la gente en las calles o miro el mar en silencio. Necesito de espacios de paz y de soledad constantemente. Desde pequeña tengo la habilidad para hacer mapas mentales. Mi abuelo portugués decía que tengo espíritu de navegante y de brújula integrada para descubrir la verdad. Hago siempre un índice tentativo, un presupuesto de cuánto costará y cuánto tiempo tardaré en investigar, en contrastar y en escribir. También hago análisis de riesgo y planes de seguridad. Generalmente discuto algunos temas con amistades cercanas que me ayudan a reflexionar y profundizar en algunos puntos, al igual que con mi agente literaria y mi editor o editora. Me encierro y escribo como si no hubiese mañana, rodeada de la naturaleza, con mis cuatro perritas. Puedo amanecerme escribiendo. Una vez que he comprendido hacia dónde va la crónica puedo trabajar veinte horas seguidas, me cocino comida deliciosa y reflexiono, pongo música clásica o jazz. A veces con un vino para animar la inspiración cuando estoy en las revisiones finales o las conclusiones. Siempre escribo a mano (será que tengo 55 años), entonces lo paso a la computadora y eso se convierte en mi primera edición que voy limpiando. Mi más reciente libro lo comencé a investigar en octubre 2017 y lo entregué a la editorial en marzo 2018.

¿Cuáles son las señas de identidad que identifican tus libros publicados?

Creo que después de tantos años ya es muy claro mi estilo. La gente identifica mi voz narrativa, que abreva siempre de la prosa, huye del melodrama y logra ayudar a la o el lector a distinguir las diferencias conceptuales entre el conflicto y la violencia, entre el problema y su origen. Me gusta la crónica (una forma Latinoamericana poco usada en Europa), para aportar ritmo a las historias de vida que documento. Mis lectoras y mis lectores suelen decirme que libros como Esclavas del poder o Memorias de una infamia son muy duros, pero a la vez no pueden dejar de leerlos, porque les conmueven y les provocan empatía por las historias. Para mi ese es el logro más importante.

Por @casas_castro
Foto de @lydiacachosi
2018-08-17T15:34:54+00:00 17 agosto, 2018|Blog, Destacado|0 Comments

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