pedro simón

Pedro Simón: “Hay que quitar solemnidad al periodista que toca heridas”

El madrileño Pedro Simón ha levantado su carrera sobre los huecos que la industria periodística deja por cubrir. Huecos oscuros y densos, pero casi siempre gratificantes. En el recién publicado libro ‘Crónicas Bárbaras’ cose algunas de sus mejores historias humanas, de sus peores huecos, con el hilo conductor de la compasión; y nos lo ofrece envuelto en un mensaje de cierto optimismo gremial: el periodismo social no ha muerto, todavía tiene público y benefactores. 

playmobil-unidad-movil-de-tv-D_NQ_NP_789363-MLM30634033165_052019-F

Claves del periodismo móvil

El periodismo móvil o mobile journalism (#mojo) es la potencialidad que tenemos los periodistas que vivimos a este lado del siglo XXI de optimizar el ejercicio de nuestra profesión y la conexión con la audiencia gracias a la universalidad tecnológica móvil. Las herramientas que disponemos para enriquecerlo son las mismas que tienen a su alcance el resto de los mortales. ¿Vamos a dejar que las utilicen por nosotros sin que siquiera sepamos cuáles son, qué ventajas informativas nos reportan o cómo se utilizan?

Las herramientas básicas que dispone el periodista pasan por un dispositivo móvil, unas aplicaciones y unos gadgets. De serie, el plumilla ha de estar equipado de las siguientes aptitudes: ingenio, sentido común, olfato, creatividad, capacidad de organización, dedicación, ganas (querer es poder), instinto y contactos.

Para organizar la información aplicaciones como Feedly o Flipboard permiten al periodista hacer un seguimiento informativo de las materias, de los enfoques y de las fuentes que pueden enriquecer su especialización. A la vez, puede agrupar temáticas y autores a partir de feeds y de alertas.

Otra app que contribuye a automatizar ciertos procesos es IFTTT (If This Then That), que a través de otras como Buffer y de las cuentas en redes sociales habilitadas para que el plumilla, da órdenes de que si ocurre una publicación ‘a’ se publique de otra manera ‘b’.

Con todo, la tecnología y las apps móviles fusionan las tareas de cada perfil profesional periodístico. Pero salvaguardan a la vez la exclusividad de sus respectivas cualificaciones, haciendo que éstas sean diferentes a partir de las habilidades de origen. La diferencia pasa, precisamente, por usar las herramientas móviles que tienen a su disposición. Y de las oportunidades especializadas que les brindan a aquellos que no están sujetos a la infraestructura de un gran grupo o medio de comunicación.

Así, por ejemplo, el redactor podrá recurrir a Call Recorder para grabar las entrevistas que realice a través del móvil sin necesidad de hacer malabarismos con el manos libres o con otro dispositivo externo. También es recomendable el uso móvil de la app de WordPress, con un editor de contenidos calcado a la verisón de escritorio y que contirbuye a pegar primero a la hora de publicar por parte del periodista una información (con el beneficio que ello tiene para la inmediatez e incluso para el posicionamiento del contenido que publique gracias a ser el primero o a la originalidad del contenido).

Otro ejemplo que traemos es Wakelet, la app sustituta natural del antiguo Storify, que permite componer crónicas de autor enriquecidas con recursos externos tales como vídeos de terceros publicados en Youtube, tuits y otros contenidos publicados en entornos digitales.

¿Nos ponemos a practicar el #MOJO? Nosotros proponemos usar una etiqueta sin anglicismos de por medio: el #PEMO (Periodismo Móvil). Seguiremos informando.

miquel-ramos

“Las redes sociales han modificado los hábitos de consumo de información”

El periodista Miquel Ramos (@Miquel_R) rasca sobre la superficie de los temas sociales de candente actualidad para servir al lector un punto de vista más reposado y ahondado. Y lo hace desde medios independientes como El Salto y La Marea y desde otros digitales como Público y La Directa. También es coautor de las plataformas de investigación Crímenes de odio y Sense tòpics.

¿Cuál es la salud que tiene, en rasgos generales, el periodismo en nuestro país en la actualidad?

El periodismo vive hoy una situación ambigua en varios aspectos. Por una parte, mucha gente ha dejado de informarse a través de los medios de comunicación convencionales. Las redes sociales han modificado los hábitos de consumo de información. Hay quien no entra nunca a una web de un periódico, si no es a través de un enlace que ha visto en Facebook o en Twitter. A veces, incluso, ni entra, simplemente se queda con el titular. Esto ha provocado que la desinformación y las noticias falsas inunden las redes y contaminen el debate público, ya que en gran medida están siendo utilizadas con fines políticos o simplemente para difundir el odio hacia determinados colectivos. Esto ha provocado también una crisis de credibilidad, que ya venía de lejos, dada la manifiesta manipulación de muchos medios de comunicación convencionales. Hace pocos días, por ejemplo, la sentencia contra Javier Negre de El Mundo por haberse inventado una entrevista sobre un suceso. Luego no se pueden obviar tampoco los intereses políticos y económicos de los propietarios de los medios. Esto condiciona mucho la información y es un problema para el periodismo. Esto ha existido siempre y forma parte de la mercantilización de la información y de los intereses empresariales de los grupos que controlan el panorama mediático. En esto, los medios más alternativos, autogestionados o cooperativos están dando una lección. Creo que estamos viviendo un buen momento para otro tipo de periodismo y hay múltiples ejemplos de proyectos que están haciendo muy buen trabajo con pocos medios. Por otra parte, la precariedad del oficio es otro de los problemas que condiciona también la calidad y la libertad de las informaciones. A veces, un mismo redactor no puede profundizar en determinados temas por la sobrecarga de trabajo. Otras, simplemente se dedica a reproducir notas de prensa. Esto posiblemente sea la señal de que no estamos en un buen momento para los profesionales de la información a nivel laboral.

¿Y en el caso de València, concretamente?

En València se sufre lo mismo que en el resto de los territorios. De hecho, las empresas propietarias de los medios raramente son locales. Pertenecen todos a grandes grupos empresariales cuyas políticas son exactamente iguales en Extremadura, Andalucía o València. De nuevo, hay que ir a proyectos mas humildes, locales o autogestionados para encontrar cierta diversidad. De todas formas, en todos los medios existen buenos profesionales que pelean cada día por dignificar la profesión y por ofrecer una buena información a la ciudadanía, a pesar de todo.

¿De qué manera están ayudando las redes sociales a los periodistas como herramienta de trabajo para sus investigaciones? ¿Se pueden poner en contra del profesional?

Hace poco Ignacio Pato escribió un articulo brillante en La Marea sobre el uso de las redes y la sobreexplotación a la que nos sometemos muy a menudo los periodistas. Añadiendo, además, la cuestión de género, que pocas veces se comenta. Las redes ayudan a promocionar tus trabajos, pero aquí es donde debes dedicarle tú tiempo y estar pendiente. Luego, la sobreinformación que existe en las redes muchas veces hace que te pierdas muchos contenidos, que te despistes con chorradas o con averiguar si lo que acabas de ver es un fake o es real. Son armas de doble filo.

¿Qué balance haces del resultado de las últimas elecciones políticas? ¿Cómo lo han transmitido las grandes cabeceras del país?

Los resultados de las elecciones evidenciaron el error de Sánchez convocándolas, al menos para el PSOE. El ascenso de la extrema derecha y la necesidad de pactar con Podemos para mantener un mínimo de credibilidad y de progresismo en su nuevo gobierno han dejado un panorama al menos curioso. Creo que Podemos ha salido bastante bien parado a pesar de haber perdido diputados y que el otro gran triunfador ha sido Vox. Los medios han jugado y siguen jugando un papel clave. Primero para el ascenso de la extrema derecha, a la que blanquearon desde el primer momento y la aceptaron como un actor más dentro de la democracia, a pesar de plantear medidas contrarias a los derechos humanos. Luego, está siendo evidente la campaña de la mayoría de los medios convencionales contra el pacto PSOE-Podemos. Algunos incluso han manifestado públicamente sus esfuerzos para imposibilitarlo. Es lógico, ya que la mayoría de estos pertenecen a grandes grupos empresariales poco o nada interesados en políticas progresistas.

¿En qué consiste el proyecto que colideras para la investigación sobre crímenes de odio? ¿Cuál es el objetivo periodístico de un proyecto tan comprometido como este?

Se trata de una investigación que recoge diferentes casos de asesinatos y homicidios motivados por el odio ocurridos en España entre 1990 y 2015. Algunos han sido bastante conocidos como el caso de Lucrecia Pérez, el de Guillem Agulló, el de Carlos Palomino o el de Sonia Rescalvo, pero muchos otros no estaban registrados o ni siquiera sabíamos los nombres. Este trabajo permite conocer a las más de 80 víctimas mortales del racismo, la homofobia, el fascismo y otras formas de intolerancia. Es una herramienta de consulta que contiene un archivo de cada caso y que quiere reivindicar la memoria de estas personas y alertar sobre el peligro de los discursos de odio y del ascenso de la extrema derecha a nivel global. Ahora estamos trabajando en la actualización del proyecto y esperamos presentarlo en primavera de 2020 con nuevos casos.

Viñeta de El Roto para El País

El humor gráfico en el periodismo de hoy

Las viñetas suelen funcionar como los gags humorísticos engarzados en las películas de acción: son un respiro cómico que relajan la tensión del relato sin llegar a detener el flujo de la información. Chiste con el que te alivias entre noticia de accidente y reportaje de corrupción. 

Hojas de estilo periodistas

A la búsqueda de un estilo periodístico en las redes sociales

El ruido en las redes sociales como coartada para dejar de tener presencia en ellas. Un aspecto excusable por recurrente en la sociedad cuando cae en el hartazgo tras un periodo de fascinación. Pero no tan excusable si los que incurren en dejación de uso de las herramientas que potencian los mensajes que difunden son los periodistas.

Desde hace tiempo, el debate sobre a qué normas ha de atenerse el profesional de la comunicación que trabaja para cabeceras informativas de terceros se centra en si su presencia en las redes sociales responde a la voz de su empresa o a la suya propia. Como los medios de comunicación, salvo incursiones modestas, dejaron de dar importancia a los libros de estilo cuando la crisis hizo temblar la estructura tradicional de su modelo mercantil, el panorama actual deja abierta la fisionomía de la presencia del plumilla en los perfiles que llevan su firma en las redes sociales.

¿Cómo respalda la descripción de su perfil el periodista que está obligado por su medio a tuitear, por ejemplo, siempre con enlaces? ¿Qué libertad de información tiene quien está sujeto a una normativa tan restrictiva como la que le impide compartir mensajes de medios de comunicación terceros o la que le impide opinar sobre circunstancias alejadas de la especialización de las piezas informativas que redacta habitualmente?

En un debate improvisado en el marco de una formación reciente dirigida a periodistas en ejercicio impartida por la agencia de comunicación Soma se vislumbró una laguna en este particular. Quizás las asociaciones profesionales tendrían que abanderar una labor mediadora entre ambas partes, los medios y sus profesionales, para definir un modelo básico de descripción de funciones que se le presupone al periodista en las redes sociales, hasta dónde llega la vinculación con su cabecera y cuándo puede escribir en nombre propio sus pareceres, incluso dar rienda suelta a especializaciones adicionales, como la que puede venir dada por aficiones temáticas, lecturas y ocio.

Solo cuando comenzó el auge de la figura de los gestores de comunidades online, hace cosa de diez años, se abordó este particular aquí referido. Pero fueron más las empresas no mediáticas, los gabinetes institucionales –como el de la Generalitat de Catalunya- y otras entidades lejanas al ejercicio de la profesión periodística las que definieron borradores de hojas de estilo como servicio público o privado.

Convendría tener en cuenta que los principales precursores de los libros de estilo fueron los medios y que si dejan que otros asuman ese papel, el preocupante escenario del intrusismo que todo lo mece en el periodismo volverá a acechar a una profesión que no termina de reinventar su presente en el siglo XXI.

sonia-blanco

“Un periodista debe tener un manejo básico de la edición de sonido y vídeo”

La periodista Sonia Blanco (@sblanco) ha enfocado su profesión en aportar a las nuevas generaciones de estudiantes todo su conocimiento acerca de la profesión a través de la docencia. Es Doctora en Comunicación Audiovisual y profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga, donde imparte asignaturas en las que hace uso de las nuevas herramientas sociales (blogs, podcasts, redes sociales, etc.) como herramienta reflexiva y de aprendizaje. Y ha coordinado dos proyectos de prácticas profesionales de alumnos: Andalucía Cinema y Eurovideo 05.

También ha trabajado en medios tradicionales (prensa, radio y televisión) como crítica cinematográfica y como colaboradora en Canal Sur y en Radio 3.

¿Cómo definirías la profesión de periodista? 

De la manera más básica y directa, que le gustaba al gran Enrique Meneses: un periodista debe ir, ver y contar. Pero, además, debe explicar el contexto de lo que está viendo para que su información sea completa. Y, por supuesto, debe aspirar a contar lo que los poderosos no quieren que se sepa.

¿Crees que un periodista en la actualidad debería cursar estudios o tener conocimientos de Comunicación Audiovisual?

Obviamente, sí. Es necesario porque en la actualidad, la mayoría de información que recibimos es vía audiovisual. Sobre todo, las generaciones más jóvenes. Por ello no es solo necesario sino imprescindible que un periodista tenga un manejo básico de la edición de sonido y vídeo, del mismo modo que antes, para ser más eficaz, necesitaba unas nociones básicas de mecanografía. Pero esto no quiere decir que un periodista deba ser un hombre orquesta que hace de todo. Las empresas periodísticas deben contar con los perfiles adecuados para la mejor elaboración del contenido, cualquiera que sea el lenguaje que deseen emplear. Pero para el periodista será muy útil tener este conocimiento, ya que le dará más autonomía para elaborar sus piezas e incluso un mejor criterio a la hora de trabajar con los profesionales de sonido y vídeo.

¿Qué importancia tiene en la actualidad para un periodista el uso de las redes sociales? ¿Un mal uso a nivel profesional podría ponerse en su contra? 

Sin duda para un periodista, las redes se han conformado como una especie de extensión de su trabajo en el medio. Y eso da lugar a situaciones peculiares y a veces incluso injustas. Veo a muchos periodistas intentando desligar su labor profesional de su opinión en las redes y no creo que eso sea muy práctico porque al final tu audiencia en muchas ocasiones te sigue por ser el profesional que eres, no la persona. Por otro lado, también hay muchos periodistas que usan las redes no para opinar, sino para informar y/o completar información de sus medios. Lo más normal es que haya un poco de todo en los perfiles: opinión, información, humor, etc. Por tanto, yo creo que en este caso un periodista debería tener un especial cuidado en dejar claro lo que es opinión e información. Un periodista, como cualquier otro profesional, tiene derecho a poder expresarse libremente, pero como informador tiene una responsabilidad mayor y, por tanto, su gestión de redes ha de ser especialmente escrupulosa.

¿Qué reflexión haces sobre la utilización de las redes sociales como elemento de innovación en la educación universitaria, a partir del trabajo de investigación que llevas a cabo en la actualidad? 

Trabajar con redes sociales en la educación es algo muy complicado. Porque van surgiendo herramientas nuevas y las generaciones cambian en un período de tiempo mucho más corto que antes. Hemos usado Twitter y Facebook con un estupendo nivel de aceptación por parte del alumnado, pero en los dos últimos años vemos que ya no están interesados en estas redes y se mueven fundamentalmente en Instagram. Pero, por otro lado, es bueno realizar dinámicas en clase que incluyan estas redes, porque te dan la excusa perfecta para enseñarles a utilizarlas de un modo más profesional y no solo con un interés meramente lúdico.

¿Con qué mensaje te gusta que se queden tus alumnos de Comunicación Audiovisual después de tus clases? 

Con que el aprendizaje no es un proceso restringido a los cuatro años de grado, sino constante. Que nosotros solo somos el comienzo de ese proceso y que ellos deben estar atentos a nuevas tecnologías, a nuevas técnicas y a mantenerse al día de todo aquello que les pueda ayudar a ser mejores profesionales.

Foto publicada en El País | Debate electoral con mujeres de las cinco principales formaciones políticas

¿Cómo se está comunicando el 10N en los diarios?

A 48 horas de una nueva jornada electoral, la cuarta cita con las urnas en cuatro años, parece buen momento para analizar el papel de los medios en la preparación de estos comicios. Como garante de la democracia, el periodismo debería ser lo más ecuánime posible –ya no objetivo, el concepto de objetividad está perdiendo peso en su condición de cuasi-utópico–, pero, una vez más, es fácil comprobar que la ecuanimidad aparece quebrada en casi todas las cabeceras del país.

fer-duclos

“La mayoría de los periodistas todo lo ven desde el prisma de su opinión”

El periodista argentino Fer Duclos (@Ferduclos) tomó la decisión hace unos meses de alejarse por un tiempo de su zona de confort y de descubrirle a sus paisanos cuál es la realidad del mundo, fuera de lo que muestran los telediarios. Y, así, con su mochila y su teléfono móvil se ha embarcado en un intenso viaje por la ruta de la seda para recorrer desde España hasta países asiáticos como Turquía, Georgia, Chechenia, Kazajistán, Afganistán e Irán. Y lo cuenta a través de su proyecto Periodistán (@periodistan_).

¿Cuándo decidiste que querías ser un hombre de mundo que contara las culturas, las costumbres y las experiencias de diversos países desde el prisma periodístico?

Nunca decidí ser un hombre de mundo, se fue dando. Un poco me viene con la genética. Mi mamá siempre cuenta que la primera palabra que dije en mi vida fue tren. Vivíamos en un departamento muy chiquito y desde el balcón se veía el tren pasar y cada vez que sentía el ruido que hacía, salía disparado al balcón teniendo un año o menos. En algún punto esa cosa del moverse, del transporte siempre estuvo en mí. Cuando tenía 5 o 6 años mi pasatiempo favorito era aprenderme las capitales de todos los países del mundo, dibujar banderas y las camisetas de las selecciones de fútbol en tiempos en los que no había internet. Me leía todos los atlas, los mapas. Me gusta mucho leer y a medida que voy leyendo me dan ganas de ir a los lugares.

¿Cómo y cuándo arrancó tu proyecto Periodistán? ¿Cómo estás consiguiendo realizar tu alucinante recorrido solo por tu cuenta? ¿Con qué recursos cuentas, además de tu mochila y una cámara de fotos?

Periodistán arrancó en enero de este año. Me tomé un vuelo a Barcelona y no tenía mucha idea de qué iba a hacer. Estaba medio perdido y todo se fue degenerando en algún punto a esto que es hoy, que es algo muy lindo, que me pone muy contento, ya que he llegado a cierto reconocimiento en Argentina. Al principio no tenía claro qué iba a escribir en redes sociales, si iba a servir, si alguien me iba a leer. Hasta noviembre de 2018 yo tenía mi trabajo en Río de Janeiro, pero lo perdí porque la empresa en la que trabajaba cerró. Y dije es ahora o nunca: tengo 33 años, no soy viejo, pero tampoco tengo 18. Y partí.

¿Qué balance haces del periplo que llevas hasta ahora? ¿Qué destacas de las culturas y países visitados?

De Occidente no sabemos prácticamente nada: de Turquía hacia el Este pensamos que es todo terrorismo. No tenemos una mínima idea de qué es el islam: el trato de la gente islámica es espectacular, son increíblemente cordiales, acogedores, calurosos; dormí en las casas de gente que me recogieron haciendo dedo y que me invitaron a comer todo el tiempo. La cultura de lo colectivo es muchísimo más fuerte que en nuestros países. Cuando en 60 años les cuente a mis nietos, destacaré la hospitalidad de la gente.

Leímos en una crítica sobre tu libro Crónicas africanas que, primero llegas al destino, luego observas y finalmente preguntas. ¿Crees que en el periodismo que se realiza en la actualidad en muchos países occidentales, en algunas ocasiones, caen en el error de invertir este proceso?

Vengo muy cargado de prejuicios y trato de luchar y ponerme en abogado del diablo: me cuestiono cada cosa que pienso sobre ellos (“por qué pensé esto, estoy seguro de ello, por qué”). Es un ejercicio que pocos periodistas en otros países hacen, ya que la mayoría ya tienen una opinión formada y todo lo ven desde el prisma de esa opinión: antes de ver lo que sucede ya saben lo que sucede, invierten el proceso. Yo no me creo en un escalón superior, pero trato de ser muy consciente del lugar que ocupo (no por estar durmiendo con un obrero en Afganistán, ya soy igual que él; yo sé que soy un privilegiado y que, si mañana pasa algo, tengo mi pasaporte y a mis padres esperándome) y me cuestiono cada cosa que pienso para llegar a mejores conclusiones o, al menos, tener mejores preguntas.

 

Paula-Corroto

“Se cruzan muchas líneas rojas en el periodismo de sucesos, pero hemos mejorado desde el caso Alcàsser”

La periodista Paula Corroto acaba de publicar ‘El crimen mediático’, un libro de Akal en el que se pregunta por qué nos fascinan tanto las noticias de sucesos. Desde aquí hemos querido conocer la razón de esa morbosidad compartida entre periodismo y sociedad, y al mismo tiempo hemos aprovechado la conversación con Corroto para adentrarnos en las prácticas más controvertidas de la esfera mediática actual.

Últimamente parece que todo el periodismo de sucesos está atravesado por el sensacionalismo. Para ti, ¿cuál es el buen periodismo de sucesos? 

Es complicado decir cuál es el buen y mal periodismo de suceso. Sí creo que muchos de los casos de los que hablo en el libro se impregnaron de sensacionalismo y amarillismo. Sucedió en las televisiones y sucedió en la prensa escrita, ésta última se vio arrastrada por algo que estaba sucediendo en las televisiones y que se vio claramente, con testimonios que no tenían nada que ver con el caso, gente llorando, gente con rabia o con ira.

¿Crees que el público se ha insensibilizado, que si no se le da esa ración de sensacionalismo tiende a cambiar de canal?

No lo creo, no creo que exista una nueva falta de sensibilidad. Diría que el periodismo de sucesos ha interesado siempre y nos ha fascinado siempre, lo que ocurre ahora es que podemos mostrar aquello que nos causan estas noticias y nuestras emociones en las redes sociales y a través del whatsapp, y al final se crea una gran conversación que antes no estaba. Todos podemos comentar y especular sobre lo que le pasó a Diana Queer o al niño Gabriel. No es que haya más fascinación, sino que la forma de consumir estos sucesos y de mostrar lo que nos producen sí que ha cambiado; todo el mundo ha  especulado siempre a raíz de los sucesos, pero ahora se genera un tsunami en las redes que antes de la democratización de estas tecnologías no sucedía.

Netflix volvió a poner en la palestra el caso Alcasser y la pornografía emocional que sirvió en bandeja el programa especial de Nieves Herrero. ¿Crees que estamos mejor que entonces?

Creo que sí que estamos mejor, se han cruzado algunas líneas rojas en algunos casos, pero lo que sucedió con Alcasser no ha vuelto a ocurrir. He visto el documental y vi en aquel momento, en los 90, la edición de ‘Quién sabe dónde’ o el especial de Nieves Herrero, cuando acababan de aparecer los cuerpos y estaban en la mesa de autopsia y se les preguntaba a los familiares cómo se sentían. Aquella pornografía del horror y de lo más terrible que le pueda pasar a una familia no se ha vuelto a alcanzar.

¿Qué líneas rojas se traspasan ahora en el periodismo de sucesos?

Bueno, por ejemplo ha habido programas de televisión que han involucrado a menores, como hizo Telecinco en el caso de Marta del Castillo, razón por la que fueron multados. Llevar a menores para que hablen de su amiga desaparecida me parece que sobra; sacar testimonios, primeros planos, gente llorando, tertulias en la que hay pura especulación porque nadie sabe realmente por dónde está yendo la investigación, todo eso sobra. Mostrar testimonios hablando del dolor que puede sentir una madre, un padre, un amigo, que muestre su ira y lo que haría con el presunto culpable, yo creo que eso forma parte de lo adyacente al suceso. La especulación crea realidades paralelas que no tienen nada que ver con la verdad.

En ‘Chavs’, el periodista Owen Jones compara las desapariciones de Madeleine McCann y Shannon Matthews, dos niñas de la misma edad que sin embargo suscitan una atención desigual en los medios. La tesis del periodista es que el caso de Madeleine se mediatiza y el de Shannon no lo hace por el origen humilde de la segunda. ¿Crees que existe un trato diferente en función del estrato social de las víctimas?

Desde luego, hay estudios sobre eso que lo atestiguan. Estoy muy de acuerdo con la tesis de que se discrimina en función del origen de cada cual, y de hecho los estadounidenses lo llaman el ‘Síndrome de la mujer blanca desaparecida’, que tiene que ver con chicas atractivas, guapas, de una familia estructurada, normalmente de clase media o clase alta, víctimas con las que el caso siempre se mediatiza muchísimo más. Si el caso afecta a una chica de familia humilde y desestructurada, aunque la víctima sea una chica –las desapariciones de chicas siempre tienen más repercusión–, ese caso va a tener menos atención mediática a causa de un sesgo cognitivo que cataloga el suceso como algo normal, esperable.

¿Hay un patrón en estos casos mediáticos explotados por el periodismo de sucesos?

Normalmente suele ocurrir que la noticia aparece en medios locales alertando de la desaparición de una chica adolescente o niños. Las víctimas casi siempre tienen este perfil. Luego se desatan las especulaciones sobre lo que ha ocurrido, lo cual suele durar unas semanas o meses, y finalmente va a desapareciendo en el tiempo y deja de salir en televisión y prensa, a no ser que el caso gire, como sucedió con Diana Queer, que de repente lo importante y lo que nos interesaba era la familia. En última instancia, los medios recuperan el interés cuando aparece el cuerpo o la persona viva.

¿El hecho de que haya un monstruo detrás del suceso hace que se mediatice aún más el caso?

Un suceso siempre es un misterio, se trata de averiguar qué le han hecho a la persona desaparecida, quién se lo ha hecho y por qué. Se trata de buscar siempre a un culpable. Por ejemplo, en el caso de Bretón era paradigmático y curioso porque siempre se le puso el ojo del huracán aunque no se tuvieran pruebas contra él –también es verdad que hubo un error de la forense al investigar los cuerpos que estaban en la finca–. Luego, una de las cosas en las que hay que andar con cuidado, y siempre lo dicen los especialistas en sucesos, es en no señalar a alguien que finalmente no tenga nada que ver con el crimen. Si señalas a un inocente en los medios le puedes arruinar la vida.

¿De qué manera las redes sociales amplifican el periodismo más sensacionalista?

Como decía en otra pregunta ahora mismo todos podemos comentar y dar nuestra opinión en las redes, e incluso señalar las penas que debería tener esa persona que igual no sabemos ni quién es, y ahí se van lanzando muchísimas especulaciones. Cuando preparaba el libro muchos periodistas me comentaron que por las mañanas se revisaban las redes sociales y que incluso algunos programas de televisión se ponían a dar noticias que estaban basadas en meras especulaciones vertidas en Twitter o Facebook.

¿Por qué suscita tanto morbo el periodismo de sucesos?

Los sucesos nos han interesado siempre, de hecho, a finales del siglo XIX hubo un crimen en Madrid, en la calle Fuencarral, y llegó a vender muchísimos más periódicos de los que se estaban vendiendo porque la gente quería saber qué estaba pasando en el caso del asesinato de una señora que, una vez más, era de clase alta en el centro de Madrid. Nos fascinan en general porque el suceso, como las series de televisión, lo tiene todo: un misterio, una víctima, un culpable, un móvil que no sabemos cuál es; no apasiona descubrir qué es lo que ha pasado y luego nos remueve por dentro, nos genera empatía con la víctima, nos genera dolor, ira, rabia y nos hace mantenernos completamente en vilo. Es decir, tiene todos los ingredientes de una buena novela. Es la gran historia y eso periodísticamente tiene mucho tirón y va a seguir teniéndolo.

Da la impresión de que los programas de televisión matinales, que son los que suelen tratar más profusamente estos sucesos, se saltan con alegría la deontología periodística, ¿es tan así? ¿Están tan lejos como parece de la ética profesional?

En esos programas hay de todo, como en cualquier profesión, también hay gente que sí que tiene un cierto respeto, una elegancia y una forma de contarlo elegante. De todos modos, sí que sabemos –y se ve nítidamente– que hay directrices para que se ponga toda la carne en el asador. En ese sentido, los programas matinales sí han cruzado muchas líneas deontológicas, tal y como ha señalado el Consejo Audiovisual de Andalucía, señalando directamente que los programas de Ana Rosa y de Espejo Público cruzaron todas esas líneas anteriormente mencionadas en los casos de Diana Queer, Marta del Castillo y Gabriel Cruz.

¿Hay alguna repercusión cuando los periodistas cruzan esas líneas?

Normalmente no, suele haber una llamada de atención y tal, pero no se termina haciendo nada. De todos modos estamos hablando de grupos muy potentes que pueden pagar la multa en cuestión. Yo cuando estaba investigando todos estos temas no recordaba que dichas televisiones hubieran tenido demandas, y eso ocurre porque ls sanciones se suelen enterrar.

 

Faceboook-Ads-Google-Ads

Google Ads o Facebook Ads: ¿dónde realizo una campaña?

Llevan la misma “coletilla” y su configuración resulta muy similar, pero Google Ads y Facebook Ads se pueden (y deben) emplear para fines distintos en función en la estrategia que siga una marca. La publicidad en Internet sigue creciendo a costa de los medios tradicionales. De hecho, para el próximo año, las previsiones apuntan a que su presupuesto se incrementará en un 8,2%, siendo el de las redes sociales de un 8%. Por tanto, el dinero que los anunciantes destinen tanto a la publicidad tanto en Google como en Facebook va a continuar su tendencia ascendente.

Sin embargo, muchas veces surge la duda de cuál es la mejor plataforma a la hora de lanzar una campaña, ¿Google Ads o Facebook Ads? Las dos son excelentes para poder dar a conocer los productos o generar conversiones. De todas formas, las diferencias que entrañan hacen que los anuncios puedan tener más o menos éxito en función de dónde se lleven a cabo y los objetivos establecidos.

La diferencia está clara -uno es un buscador y otro es una red social-, por lo que la manera en la que los usuarios las emplean es distinta. Parece una obviedad, pero como la estructura resulta muy parecida (campaña-conjuntos de anuncios-anuncios) y cuentan con funciones semejantes (objetivos, segmentación, pujas), en ocasiones no se sabe muy bien cuál proporcionará mejores resultados. Por tanto, hay que partir de la base de que en Google la gente accede para buscar algo, es decir, acomete una acción; mientras, en Facebook, los anuncios van surgiendo sin que haya que realizar nada en especial. Por ello, el buscador suele obtener unos resultados más certeros, por lo que se recomienda cuando el objetivo consiste en generar ventas o leads.

Además, hay que tener en cuenta que, al día, se realizan 3.500 millones de búsquedas solo en Google Chrome. Mientras, Facebook aglutina en torno a 2.300 millones de usuarios, según cifras de principios de 2019. Ahora bien, si el objetivo consiste en una mayor notoriedad y visibilidad, las cifras que proporciona Facebook de alcance son muy mayores porque la aparición de anuncios no depende de la búsqueda que se realice, sino del público que se haya definido.

En este sentido, Facebook Ads también es aconsejable para aquellas marcas que quieren microsegmentar a su audiencia. Solo hay que recordar que dar un like a una determinada publicación ya queda registrado en la plataforma e implica la asignación de algún tipo de insight. Además, tanto el píxel de Facebook como la creación de públicos personalizados y similares ayudan a definir aún más el target al que se quiere dirigir el negocio.

Asimismo, si se cuenta con poco presupuesto para la ejecución de una campaña, Facebook Ads supone una herramienta más adecuada. ¿El motivo? Su CPC es más bajo, por lo que se puede optimizar mejor el dinero. Y esto no merma en la calidad ni en el resultado final. Google cuenta con un sistema de pujas que influye mucho más en el peso de los anuncios, por lo que se necesita de una inversión mayor. De hecho, con Facebook puedes comenzar por poco más de un euro.

A todo esto hay que añadir que desde Facebook se pueden gestionar las campañas en el feed de Instagram y efectuar los Stories. Y, previsiblemente, cuando se instaure, los anuncios de WhatsApp Business. En definitiva, en función de los objetivos, presupuesto y público objetivo una plataforma será más adecuada para unas campañas que la otra, solo hay que definir bien qué se quiere, cómo y a quién hay que dirigir el anuncio.