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Cómo preparar un buen plan de medios

Ante el boom de la publicidad en redes sociales, no hay que olvidar que los planes de medios siguen siendo una de las maneras más efectiva para insertar de forma correcta y eficaz los mensajes y las creatividades en aquellos espacios que más interesan. Los medios de comunicación siguen gozando de una elevada credibilidad por lo que, en un estrategia de comunicación, una empresa no puede descuidar este ámbito.

En primer lugar, cuando haya que elaborar un plan hay que conocer muy bien los medios de comunicación: los periódicos tanto generalistas como del sector; las revistas en la que se encuentre nuestro target; y los programas de radio y televisión que más interesen. Para conocer la audiencia, se puede echar mano del Estudio General de Medios (EGM). También existen fuentes como Infoadex, que ayuda a conocer el estado de la publicidad en España o como los informes que realiza IAB Spain a nivel de medios on y off y redes sociales. Muchas veces este paso se obvia y, aunque no es tarea fácil, resulta muy útil para saber qué medios elegir dentro del presupuesto que tenemos disponible.

Por supuesto, hay que saber muy bien cuál es el público objetivo al que queremos dirigirnos, ya que puede ser más efectiva una revista especializada que leen los potenciales clientes que un medio generalista, cuya audiencia es mucho más dispersa. Lo mismo sucede a nivel territorial, ya que el público objetivo se puede ubicar en zonas muy concretas, por lo que la publicidad se debería de dirigir a publicaciones más regionales.

El plan de medios debe contener en una tabla, al menos los siguientes puntos: medios (que se puede subdividir en medios regionales, nacionales o por países y por sectores), formato que se va a emplear (1 página, media página, un robapáginas, etc.), número de inserciones, precio general, descuentos (de agencia, por número de inserciones, por ser primera vez, etc.), precio neto (sin IVA), meses o semanas en los que se van a realizar las inserciones y los precios totales. Si es una campaña muy concreta, incluso se puede hacer un timing día por día.

Otro asunto a tener en cuenta en los planes de medios es el GRP (Gross Rating Point), que mide la exposición de un anuncio por cada 100 personas que se consideran público objetivo, por lo que cuanto mayor es, se supone que más impacto debe medir. El GRP se expresa mediante la siguiente fórmula:

            GRP = cobertura (en %) x frecuencia media

Muchos planificadores de medios no suelen incluir este índice ya que no mide la concentración o dispersión de la audiencia y hay que tener en cuenta que en los planes no sólo se incluye la publicidad en papel, sino también online. Por eso, el concepto se ha adaptado y también se habla del GRP digital, si bien es cierto que Internet cuenta con métricas muy avanzadas.

Una vez claros los medios en los que se quiere aparecer toca solicitar los media kit del año vigente en los que se encontraran las tarifas publicitarias tanto si el medio es on como off. De esta manera, nos podemos hacer una idea de los precios en los que se mueven, pero no hay que fijarse en ello: se tiene que solicitar al departamento de comunicación una propuesta realizada ad hoc. Así se consiguen grandes descuentos, incluso del 90%, y los descuentos de agencia. También se puede tener preferencia en la publicación de notas de prensa, así como otras publicaciones gratuitas. Este proceso es arduo, ya que muchas veces no cuadran las propuestas con el presupuesto designado y se convierte en un tira y afloja entre ambas partes hasta que se llega a buen puerto.

Una vez concretado el plan de medios, se debe dejar algo de presupuesto a parte para todo aquello que vaya surgiendo, sobre todo, cuando se confecciona para un año completo. De esta manera, cualquier cosa que se quiera comunicar adicionalmente se puede hacer sin descuadrar el presupuesto ya que se cuenta con un remanente.

Insolvencia medios

¿Asistimos a un cambio en la gestión de los medios tradicionales?

Que el periodismo ya no es lo que era lo saben tanto los profesionales como las audiencias. La crisis ha pasado como un rodillo por un sector que no sólo se ha visto reducido a cenizas, sino que además y a diferencia de otros no muestra indicios de recuperarse. Todo lo contrario. La mayoría de los expertos señalan que cualquier cosa que venga después será bastante distinta a lo que se conocía hace unos años.

A la caída acumulada de los ingresos por publicidad cercana al 70% en menos de una década y los costes del papel, impresión y distribución disparados ha habido que sumar la irrupción de internet y las nuevas tecnologías. Las fronteras de la inmediatez y valores como la autoría, la primicia o la exclusividad se han diluido hasta dibujar el panorama que actualmente encontramos. 12.200 puestos de trabajo menos y 350 medios desaparecidos después, lo que queda es en su mayor parte precariedad, sobreatribución de competencias disfrazada de multidisciplinaridad (eufemismo para definir la explotación) y la consecuente pérdida de calidad.

Internet ha permitido maquillar las cuentas de algunas publicaciones o hacer contenidamente rentables a otros de reciente creación, pero desde luego no para revertir la situación de los grandes buques insignia de la prensa española, asolados por expedientes de regulación de empleo que se repiten cíclicamente, reducción de contenidos y ajustes impensables hace sólo unos años.

Así, el cambio en la gestión ha sido obligado y más que lo será en un futuro inmediato. Tanto en la parte financiera como en la productiva. Se acabaron los tiempos de vino y rosas en los que directivos, jefes de sección y de rebote algún que otro redactor disponían de recursos prácticamente ilimitados para conseguir a cualquier precio la noticia. Dietas de desplazamiento para coberturas ‘in situ’, kilometrajes o tarjetas de saldo profundo para relaciones públicas. Y eso que algunos todavía se resisten y son capaces de gastar en una botella de vino lo que le niegan a una sección para un redactor a tiempo completo. Hoy impera la austeridad obligada y ni siquiera con ella se prevé que las cosas cambien. De hecho ya hay quien alerta sobre la “autonomización” de la profesión. De la compaginación con otras actividades, con lo que ello supone.

Incluso el repunte anteriormente señalado en el ámbito ‘on line’ tiene sus amenazas. La alimentación de las redes sociales por parte de los mismos medios como fuente de entrada de tráfico han contribuido a hacerlas crecer tanto que los está fagocitando. Hasta tal punto que los inversores en publicidad se están saltando al intermediario que la prensa era para pasar a difundir directamente sus contenidos.

Todo apunta a que una apuesta seria por la reconversión al nuevo contexto, la utilización de los nuevos formatos y la diferenciación del contenido a través de la calidad podrán arrojar algo de luz sobre los viejos medios. Algo que ni siquiera así está garantizado.

Photo credit: National Library of Ireland on The Commons via Foter.com / No known copyright restrictions
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El uso (erróneo) de la ortografía en los medios de comunicación

El célebre escritor Azorín decía que “el idioma -el castellano- llega a ser para nosotros como un licor que paladeamos, y del cual no podemos ya prescindir”. El problema es cuando esa bebida espirituosa la mezclamos con otros alcoholes y le añadimos demasiados hielos, que puede que ya no sepa tan bien.

Esos fallos y excesos se convierten en faltas de ortografía en el momento en el que los trasladamos a muchos medios de comunicación. Según la Fundación del español urgente, Fundéu (@fundeu), que trata de “detectar errores y dudas habituales para ofrecer consejos y recomendaciones que ayuden a evitar los primeros y a resolver las segundas”, la mayoría se debe a equivocaciones o a simples erratas.

Pero, ¿cómo se permite que un desliz en la escritura o en la locución (previamente redactada) de una noticia pueda ser emitido o publicado cuando ha podido pasar por la lente de tantos ojos avispados? Por un lado, porque la velocidad del trabajo del periodista, “siempre bajo presión”, como indica el equipo de consulta, le impide hacer las revisiones necesarias de sus piezas. Por otro, y más importante si cabe, porque “la crisis se ha llevado por delante, con los recortes, muchos puestos en las redacciones” y, entre ellos, los de quienes se encargaban de la corrección y edición de los textos.

Problemas humanos y económicos que, en muchas ocasiones (y cuando el periodista se preocupa por ello con tiempo), se quedan en simples, pero socorridas, dudas (naturales) de la lengua y que Fundéu trabaja por solucionar. Las que más les trasladan, según afirman, son las relacionadas con extranjerismos (sobre todo, anglicismos) y con la búsqueda de alternativas en español.

Pero también otras más concretas como las diferencias entre por que, por qué, porque y porqué, entre a sí mismo, así mismo y asimismo o entre sino y si no; sobre el uso de mayúsculas; las faltas de concordancia (por ejemplo, las mejor vestidas, no las mejores vestidas); la supresión de preposiciones (por ejemplo, la mayoría de los candidatos, no la mayoría de candidatos), o la grafía de nombres extranjeros (por ejemplo, Varufakis, mejor que Varoufakis).

Lo que ha llegado en los nuevos diccionarios

Además, con la renovación de las grandes obras académicas en los últimos años, se han incluido algunas novedades que ya están trayendo quebraderos de cabeza a los profesionales de la comunicación. En el ámbito de la ortografía, ha suscitado polémica la introducción de la eliminación de la tilde en términos como guion y truhan y la posibilidad de hacerlo incluso en contextos ambiguos en la palabra solo y en los demostrativos (este, esta, etc.), o la tendencia a prescindir de mayúsculas, de las que se consideraban ‘de respecto’, en términos como rey o papa.

Cambios “de los que los periodistas deben estar informados”, bajo el apoyo de las recomendaciones diarias de Fundéu, para elaborar contenidos de calidad que sirvan de ejemplo ortográfico para lectores interesados en la buena escritura.

Foto: Marga Ferrer

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“Criticar es fácil; aplaudir parece que cuesta más”

Miguel Ángel Jimeno (@majimeno) ha conocido la prensa en papel y digital desde dentro y ha tenido la oportunidad de contemplar y colaborar en la gestación y evolución editorial de Barcelona’92, diario oficial de los Juegos Olímpicos, Diario de Noticias, Nuestro tiempo, Diari de Tarragona o Heraldo de Aragón, en España, y de otros extranjeros como Clave (República Dominicana), Panorama (Venezuela) o Al Bayán (Dubai).

Este trabajo en las ‘maquinarias’ le ha llevado a valorar cada día más el buen trabajo y los contenidos de calidad que se hacen en agencias de prensa, medios de comunicación y gabinetes de prensa, gracias a periodistas y editores comprometidos como profesionales. Así, y a partir de su propio blog, desde hace cinco años convoca los Premios La Buena Prensa para galardonar a quienes luchan por mantener vivas las palabras de Gabriel García Márquez y seguir catalogando este oficio como el mejor del mundo.

¿De qué manera entiende el buen periodismo?

El buen periodismo se nota. Es aquel que dedica un poquito más de tiempo a un tema, es el que planifica cómo abordar un hecho, el que aporta varias fuentes, el que se para a pensar en el modo más eficaz de contar las cosas, el que mima la escritura, el que va más allá del dato y lo liga a una historia, el que se preocupa por contextualizar, el que apuesta por una información, pero también por su previa y su día después, el que intenta que tema y diseño vayan de la mano, el que mima el título y el primer nivel de lectura, el que edita las imágenes, etc.

Parafraseando el nombre del certamen que organiza, ¿se hace hoy por hoy ‘buena prensa’ en España?

Claro que se hace buena prensa en España. De hecho, en mi blog muestro ejemplos a diario. Cada día encuentro buenas informaciones, análisis, previas, coberturas de hechos previstos, seguimientos, historias, etc.

¿Destaca algún medio?

Puedo destacar muchos. Hay excelentes regionales como El Correo, La Voz de Galicia o El Diario Vasco. Todos los días hay excelentes páginas en La Vanguardia y El Periódico, los grandes catalanes. Hay otros regionales de menor tirada que vale la pena seguir como Las Provincias, Diario de Burgos, Diario de Navarra o Ideal de Granada. Entre los medios nacionales, me gusta mucho la edición online de El País y cada día encuentro muy buenas informaciones en El Mundo, que además es una maravilla desde el punto de vista visual.

¿Y si comparamos este panorama con el latinoamericano?

En Latinoamérica, en general, los medios son distintos. Hay algunos muy grandes y muchos muy pequeños. La “clase media”, mayoritaria en España, allá apenas existe. Entre los diarios grandes, hay algunos muy buenos. Si tengo que citar alguno, me quedo con los brasileños, con algunos colombianos (El Tiempo, El Espectador o El Colombiano), con el argentino La Nación, con el chileno La Tercera, con el peruano El Comercio y con el mexicano El Universal.

¿Cuáles son los objetivos que se plantea con los Premios La Buena Prensa?

Los premios nacieron como un medio de “complementar” el espíritu del blog. Como hay muchos periodistas que siguen cada día el buen periodismo que muestra este, qué mejor que crear premios para aplaudir el buen periodismo. El objetivo era humilde. Pero desde la primera edición la respuesta fue abrumadora. En el sentido de que excelentes periodistas se presentan. Creo que tiene mérito que se presenten tantos colegas, porque lo que reciben, si ganan, es un diploma. No hay dinero de por medio. Como promotor, me gusta que, para muchos periodistas, sea un honor ganar uno de los premios.

¿Mantiene las mismas categorías cada año?

Desde la primera edición las categorías son las mismas: mejor reportaje, crónica, entrevista, análisis, serie y cobertura de hecho previsto e imprevisto. El año pasado nació un nuevo premio, el José Antonio Vidal-Quadras, en honor a un periodista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, en la que trabajo. Este premio lo gana el periodista “más completo”, el que, en función de los trabajos que presente, el jurado vea que es un “todoterreno”. Y este año ha nacido otra categoría, el Francisco Sancho, también en honor de este periodista y profesor de FCOM, fallecido el pasado noviembre. Como Paco era un gran formador de periodistas, el premio se lo llevará el periodista menor de 25 años con mejores trabajos.

¿Desea resaltar alguna cosa que se haya quedado en el tintero?

Es importante destacar y aplaudir el trabajo de cientos de periodistas españoles y latinoamericanos que cada día intentan hacer bien su trabajo y más aún en estos tiempos de incertidumbres, dudas, inquietudes y sufrimientos que viven las redacciones. Criticar es fácil. Aplaudir parece que cuesta más. Como colega y lector, solo pretendo dar las gracias a los periodistas.

Periodismo, me aburres

Foto: Marga Ferrer, Soma ComunicaciónCuando empecé a estudiar periodismo, allá por el lejano 2002, lo hice con la convicción de que era una profesión dinámica, divertida y que ofrecía un valor añadido a la sociedad. Casi 12 años después de aquello no sólo es que mi percepción haya cambiado. Eso sería lo de menos. Lo más trágico es que ha llegado un punto en el que el periodismo me aburre, tanto como periodista como en mi vertiente de consumidor de información.

Siempre fui más de escribir que de perseguir la noticia. Quizás porque las noticias que tenía que perseguir no me interesaban. A veces tengo la sensación de que hubiese estado bien unir las dos vertientes: escribir sobre noticias que me interesaran lo suficiente como para implicarme en ellas. Pero eso pocas veces se ha dado. Y, de todas formas, no deja de ser algo muy personal. Unas sensaciones muy mías y difícilmente extrapolables a otros compañeros de profesión.

Lo que sí que es innegable es que el periodismo de hoy en día aburre. Salvo contadas excepciones (en la mayoría de los casos de revistas y diarios, muchos de ellos online, de nuevo cuño y con poco peso entre el gran público), el periodismo que muestran los medios de comunicación me parece rancio y caduco. Hasta el punto de preferir estar desconectado de la realidad antes de estar informado (por decir algo) por ellos.

Tenemos grandes cabeceras nacionales que titulan todas igual, como si posicionarse de otra forma estuviese prohibido. Tenemos redacciones llenas de periodistas que se pasan el día sentados en sus sillas. En parte porque no hay dinero para desplazamientos y en parte porque en la España del siglo XXI sigue estando muy bien visto el presentismo, particularmente si es delante de un ordenador. Así que las noticias brillan por la ausencia de vida y los diarios (especialmente sus versiones online) se llenan de chorradas varias que al cabo de los días se demuestran falsas. Supongo que es lo que la gente demanda, así que para qué vamos a contrastar los datos…

Tenemos parrillas televisivas y horas de primetime llenas de personas que se quieren hacer pasar por periodistas de raza y se hacen llamar tertulianos. Debates políticos con mucho grito y cero contenido. Gente que sentada en una mesa redonda y con una tablet en la mano nos quieren hacer creer que saben mucho y que tienen la solución a todo, aunque realmente no saben nada, ni siquiera qué mérito han hecho para estar ocupando esas sillas.

Tenemos secciones de deportes de informativos convertidas en programas del corazón. 30 minutos seguidos de tonterías varias sin ninguna información. Y tenemos informativos que pierden 10 de sus minutos hablando de los souvenirs de la proclamación del nuevo Rey mientras medio mundo se desangra en un fuego cruzado sin sentido. Tenemos, al fin y al cabo, un periodismo aburrido que, quizás, es el que merecemos. Aunque no se parezca en nada a la idea que yo tenía en 2002 de la profesión. Aunque quizás ya sea demasiado tarde para plantearme estas cosas.

posted by @acordellat

Entre el periodismo ciudadano y el oficialista

Oficialismo Marga FerrerPonemos en el punto del debate el papel del periodista en el escenario multiplataforma actual y el acceso a la información, el origen y la credibilidad que conferir a la misma.

Pero, más allá de enfocar el post en la necesidad, preexistencia o nuevas funciones del periodista, que vamos a dar por presupuestas, dado que el profesional  de la comunicación será imprescindible en el manejo, filtrado y difusión de la información y del ruido que fluyen de dichas plataformas, pondremos el acento en la condena que muchos proyectan de la vertiente ciudadana.

Se quiera o no, el denominado periodismo ciudadano forma parte del nuevo contexto informativo que se pone a disposición del periodista o del medio de comunicación para ofrecer a sus audiencias contenidos adaptados a tiempos tecnológicos, móviles, directos, inmediatos, locales, globales y digitales.

Frente a este tipo de actualidad, encontramos la sempiterna cara oficial procedente de las grandes corporaciones, instituciones, partidos políticos y otras altas instancias del poder fáctico que tanto han marcado el signo del periodismo tradicional, que ahora se somete a revisión, precisamente, por no haber asimilado a tiempo las nuevas normas de las plataformas incipientes, más bien consolidadas.

Entre el periodismo ciudadano, ése que ofrece aspectos hasta la fecha reducidos a círculos invisibles; y el oficialista, el que siempre ha impuesto los enfoques y la agenda-setting; el periodista habrá de escoger. Aunque la tendencia es satanizar al primero en detrimento de la seguridad tradicional que da aferrarse al segundo. Con todo, es el segundo polo el que ha llevado a que la transición de soportes sea más virulenta, a proyectar esclavitudes en las cabeceras de las que ahora éstas no saben cómo desembarazarse, aún a costa de su desaparición; a obligar a enfocar la realidad desde el prisma de la foto oficial, del comunicado, del silencio en las salas de prensa, de los monitores anclados en otras salas para el seguimiento de acontecimientos de dudosa rentabilidad social, a la realización de actos políticos servida vía satélite, a desmentidos plastificados…

Ese periodismo oficial ha desembarcado con la misma virulencia en las nuevas plataformas, haciendo un ‘copiapega’ del estilo que ha marcado su anterior invasión de enfoques, sin preocuparse siquiera por adaptar el discurso a las características de los nuevos canales, a los lenguajes de éstos y a las personas (más que ciudadanos) que los cohabitan.

Por el contrario, la profesión se ceba mientras con los nuevos enfoques, las nuevas fotografías, las nuevas imágenes y las nuevas realidades que las personas comparten en estos canales bajo el seudónimo de periodismo ciudadano. Esto es, en vez de exprimir la nueva coyuntura hacia nuevos espacios de debate, contenido y de actores con algo que decir; la profesión ha optado por poner el foco de la crítica en esa potencialidad, cuando lo preferible, quizás, sería que aprovechara para dar un puntapié a esa oficialidad que tanto servilismo, daño y perjuicio ha causado en el periodismo.

¿O no?

posted by @os_delgado

The New York Times estrena web social

Como es tradición, las pautas y las tendencias periodísticas suelen llegar del ámbito anglosajón, en general, y de cabeceras de prestigio como la del The New York Times, en particular. El último eco procedente de aquellas latitudes es la nueva página en versión social que ha editado el rotativo neoyorquino.

Portada periódico social

Una versión accesible, adaptada al lenguaje de las redes sociales y a los elementos visuales con los que ya se ha familiarizado la audiencia que está más acostumbrada a bucear por la información procedente de estos canales.

¿Un buen ejemplo de lo que llegará a los medios de comunicación a este lado del Atlántico?, ¿una versión especializada de un medio tradicional similar a lo que ya habían puesto en práctica otras aplicaciones desde hace tiempo como Flipboard?

Desde que el público masivo y la sociedad ya está en Twitter, el estilo de los medios de comunicación que lo alimentan ha cambiado, no solo en el fondo/contenido, sino también en la forma/continente.

¿Quién será el siguiente? Se admiten apuestas.

@somacomunicacio

 

 

Cuestión de foco, cuestión de tiempo

ArezzoHay una teoría no escrita (o sí) referida a que lo cercano interesa, y mucho. Cuanto más alejas el foco, menos atención acapara el hecho informativo. De eso siempre se ha aprovechado el emisor (grandes empresas, gobiernos menudos –y menudos-) de mensajes institucionales, como lo ha hecho de la tiranía que significa sugerir la publicación de determinados contenidos bajo la amenaza de dejar aislado del mapa de aplausos dinerarios al receptor (el medio de comunicación).

Son circunstancias con las que siempre han convivido los medios de comunicación, por lo menos en su versión tradicional, cercana, local. Esa misma tiranía es la que, hoy por hoy, les aboca a verse inducidos a tomar decisiones determinantes, que rompen con los modelos heredados del pasado.

Por un lado, han de sopesar cuál es su nuevo ámbito de influencia, hasta dónde han de informar, a quiénes comunicar las novedades, bajo qué representación, en qué canales o plataformas difundir antes los mensajes y repensar la calidad de los contenidos hacia tendencias más especializadas, dibujadas al antojo de la carta de sugerencias de una audiencia cada vez más crítica, dispersa y voraz de la inmediatez que todo lo empapa.

Porque el nuevo foco de la actualidad en teoría la marcan los medios; el problema es la resistencia que son capaces de poner o hasta qué límite pueden aguantar sus maltrechas arcas para soportar una transición que aún permite a las fuentes tradicionales seguir presionando e induciendo contenidos, con todas sus imposiciones, como si no fueran sabedoras de que el contexto hubiera cambiado, apropiándose sin traducción previa de los canales incipientes con el mismo lenguaje de siempre.

Un comportamiento que les sigue funcionando a dichos emisores porque aún sigue habiendo medios cómplices que se resisten a convivir con los sinónimos de comunidades globales y locales, de plasmar la voz de actores de nuevo cuño con capacidad de influencia en sectores silenciados hasta hace dos días, de incluir nuevas formas de financiación amigas de la independencia perdida en el limbo de rotativas ancladas en líneas editoriales vetustas y masticadas.

Con todo, es una cuestión de foco, el mismo que pone las miras en el futuro de una profesión, la periodística, con ganas de recuperar la senda de la credibilidad, de la estabilidad y de la confianza de inversores que respeten el quehacer informativo de los profesionales y el derecho a la información de los lectores.

Posted by @os_delgado

Las burbujas periodísticas

MEDIOS BN2La candidatura de Madrid, eliminada en la primera ronda de votaciones. El titular sorprendió a muchos, tanto a deportistas profesionales, como a aficionados del deporte en general, como a desentendidos. ¿Pero acaso no veníamos escarmentados de “Madrid 2012” y de “Madrid 2016”? ¿Por qué chocó, pues, la decisión del Comité Olímpico Internacional?

Cuando en cada telediario, en cada boletín radiofónico, en cada periódico y en cada medio digital se está machacando con el tema de los Juegos Olímpicos, éste se coloca en la primera línea de la atención mediática. No hubiese sorprendido tanto la noticia del pasado sábado 7 de septiembre si el tratamiento que se le dio hubiese sido imparcial. Pero los medios habían creado expectativas infladas e inyectado hinchadas dosis de optimismo. Los ciudadanos habían asimilado el reiterativo mensaje proyectado por los diferentes canales de comunicación y confiaban en que (a la tercera va la vencida) esta vez sí, Madrid acogiese unos JJOO. Pero no. No fue así. Varapalo al canto.

En cualquier caso, no es un drama: es deporte. Borrón y cuenta nueva. Ahora bien, ¿qué sucede cuando donde los medios crean falsas expectativas no es en el deporte sino en otros ámbitos, como por ejemplo el de la salud? No son pocas las veces que, víctimas de querer tener visibilidad o de querer dar a conocer avances esperanzadores, los medios de comunicación caen en un lugar muy peligroso y difunden avances médicos, por ejemplo, en la cura de determinadas enfermedades como el cáncer, el alzheimer o el sida.

Imaginemos a alguien con alguna de estas enfermedades y a sus familiares. En situaciones críticas lo normal es aferrarse a clavos ardiendo, y si casualmente en el informativo de la tarde anuncian avances en la investigación para la cura de la enfermedad, la familia se agarra a esa noticia.

Esto es peligrosísimo, y los periodistas debemos tenerlo siempre presente. Las investigaciones en estos campos se desarrollan muy lentamente. Desde que se anuncian hasta que puedan estar al alcance de los pacientes puede pasar mucho tiempo; tanto, como para que -valga la redundancia- no lleguen a tiempo.

Nuestra responsabilidad social no es sólo la de ser cuarto poder o la de informar. También debemos ser conscientes de la fuerza que nuestro ejercicio de la profesión puede efectuar sobre la sociedad y, en consecuencia, ser rigurosos en el tratamiento periodístico. Cualquier noticia amplificada por cualquier medio de comunicación puede tener un alcance inesperado, y cualquier desliz o error puede salir muy caro. Y más aún hoy en día, cuando la información corre como la pólvora por las diferentes redes sociales y por Internet.

Otro debate es el de si lanzar mensajes optimistas y proyectar motivos para la felicidad colectiva es bueno o inapropiado para la salud social de un país en crisis como el nuestro. Desde luego el fomento de la felicidad debe partir de hechos contrastados o contrastables, y no a raíz de hipótesis o intangibles.

En cualquier caso, tener presente el poder y la influencia potencial que tienen los medios de comunicación es necesario. La deontología periodística también pasa por ahí, y por no caer en la creación de burbujas de falsas expectativas. Unas burbujas que cuando pinchan y se revelan falsas (o cuanto menos exageradas) llevan al desencanto que siguió a la decisión del COI. Menos mal que el sentido del humor es algo que no se pierde y que Ana Botella regaló unos cuantos motivos para sonreír y para desdramatizar que España seguirá sin abrazar unos JJOO. Eso sí, en temas delicados poca broma.

Posted by @PauFiR

360 Grados Press reabre temporada semanal

222 360gradospressLa revista digital que edita Soma Comunicación, 360 Grados Press, retornó el pasado miércoles 4 de septiembre a la normalidad tras el paréntesis abierto durante el mes de agosto.

Y lo hizo con la edición semanal número 222, que rescata en cabecera la dureza con la que convive el deportista de élite de un deporte minoritario como el vóley playa, de la mano del subcampeón olímpico y vigente campeón de Europa, Pablo Herrera; o de David Fernández, el mecánico del mejor equipo ciclista del mundo.

También aborda el concepto couchsurfing, una modalidad de disfrutar del turismo que se extiende como la pólvora y de la que es complicado huir una vez probada. El que no viajó precisamente este verano fue el jefe de Peláez, que según el resumen semanal de los #pelaezleaks -cables a los que accede en exclusiva el semanario digital-,  se quedó encerrado en el parking de su periódico de provincias todos el mes de agosto.

Bolonia acapara el protagonismo de la semana en la sección ‘Viajes’, como ciudad sorpresa que se pone a tiro del viajero casual, al que soprende con culturalidad, gastronomía y ambiente universitario. No sorprende a nadie en tiempos de crisis la generalizado del perfil del parado, que los viñetistas 332 homenajean tras el parón vacacional, con la misma fuerza que el post del Butacón del Garci lo hace con las ‘Palabras vivas‘.

Del ámbito cultural, el semanario rescata la obra teatral ‘A medianoche‘, la película Hannah Arendt, las mil portadas de la revista 6Toros6, el libro ‘La casa en ruinas‘ o la videopelícula ‘Cruce de destinos‘.

Soma Comunicación edita 360 Grados Press todos los miércoles desde octubre de 2008.