Tik-Tok

Tik Tok ¿la app que desbancará a Instagram?

Si tienes más de 30 años, puede que no te suene esta red social que está siendo número uno de descargas en los dispositivos móviles: Tik Tok. Se trata de una red social ‘made in China’ a la que muchos auguran como la próxima que va a desbancar a Instagram. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque ha llevado más allá el uso de los Stories, ese formato que creó Snapchat e Instagram lo plagió hasta llevarlo al éxito más absoluto.

Tik Tok ha hecho suyos los Stories, mejorando el formato con vídeos de 15 segundos, verticales y a través de los cuales el usuario puede ir moviéndose por las cuentas haciendo scroll. Incluye filtros, canciones de moda y todo lo necesario para viralizar contenidos audiovisuales originales y con los que se puede utilizar toda la imaginación posible. De hecho, la música es su base, ya que es heredera de la plataforma Musical.ly. Seguro que, sin darte cuenta, has visualizado alguno sin darte cuenta en alguna red social como Facebook o Twitter. Por ello, Tik Tok está robando a las generaciones más jóvenes a Instagram -porque la red de Mark Zuckeberg ya está catalogada como ‘viejuna’ y en la de microbloggin quedan políticos, periodistas y trolls.

A finales del año pasado, Tik Tok ya contaba con 500 millones de usuarios: China ha dado el pistoletazo de salida a la conquista del mundo a través de sus redes sociales. Y ha empezado con los más jóvenes. No obstante, cabe recordar que la empresa fue multada por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos por violar la privacidad de los menores con una multa de 5,7 millones de dólares. La aplicación aterrizó en EE.UU. en 2017 y está siendo una amenaza para las grandes redes sociales nacidas allí. La generación Z ha aceptado como suya Tik Tok para expresarse, para mostrar sus idea, su espontaneidad y su visión e, incluso, para dejar de ver a los perfectos influencers que copan Instagram.

Tik Tok es ágil y se encuentra en consonancia con el tipo de contenido que consumen las nuevas generaciones basado en memes, humor, creación sin límites a través de llamativos efectos especiales, y todo ello muy visual. Si bien es cierto que integra funciones de Instagram, como el envío de mensajes o el sistema de seguidores y seguidos, la aplicación rápidamente muestra cuáles son los vídeos más populares y, a partir de ahí, comienza a realizar recomendaciones en función de gustos e intereses. Así pues, aunque no se tenga seguidores o no se siga a nadie, Tik Tok trata de encontrar las publicaciones perfectas para cada usuario.

Parece que Tik Tok va a ser la próximo red social masiva, ¿adelantará a Instagram en su empeño?

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“Se puede hacer periodismo en las redes sociales”

Como jefa de Contenidos Digitales de la televisión autonómica valenciana À Punt, la periodista Anna Peña i Aso (@valencianna) pone en práctica una de sus máximas como profesional a la hora de hacer uso de las redes sociales: que esa utilización sea crítica y ética para que abra la puerta a enriquecer mucho más las historias que creamos y que consultamos con nuevas perspectivas, pero siendo conscientes de sus riesgos. Nos lo cuenta.

¿Cuándo se despertó en ti la chispa de la comunicación? ¿Fue antes de entrar en la universidad?

Sí. De hecho, todavía hacía la ESO. Siempre me ha gustado escribir y analizar las cosas que pasan. Creo que hay diferentes concepciones del periodismo: como una vocación, como un oficio o como un trabajo. Todavía conservo esa visión más vocacional (y puede ser, ingenua) de que el periodismo sirve para incidir en la realidad que te envuelve.

¿Son las redes sociales una buena herramienta para que los usuarios se informen debidamente? ¿Cómo no caer en la trampa de la desinformación?

Las herramientas no son buenas o malas por el hecho de serlo: todo depende del uso que se hace de ellas. Creo que hay mucho trabajo pendiente en cuanto a la pedagogía y la divulgación sobre la tecnología y cómo usarla éticamente. También en cuanto a las redes sociales. Siempre que ha habido cambios tecnológicos han venido acompañados de vaticinios sobre el fin de la tecnología anterior o bien tentaciones de poner por delante todos los peligros que comporta. Las redes sociales han venido para quedarse, pero es importante que se usen de manera crítica y ética y teniendo en cuenta que detrás hay grandes corporaciones y que la moneda de pago (de momento) son los datos personales y la propia privacidad. Hemos interiorizado dentro de nuestras rutinas diarias el uso de las redes sociales y consultamos nuestros dispositivos móviles decenas a veces cada día. Esto nos abre muchísimas posibilidades a la hora de conocer (y explicar) nuevas realidades y con una velocidad que hasta ahora no habíamos visto. Este papel bidireccional de consumo de información, pero al mismo tiempo de producción de esta, abre la puerta a enriquecer mucho más las historias con nuevas perspectivas. Aunque también tiene riesgos. Por un lado, la velocidad a la que circula la información facilita la propagación de fake news de diferentes tipos: desde datos imprecisos, carencia de información contextual, uso de una información para transmitir un problema o debate interesado o directamente información falsa y fabricada expresamente. Todas estas cosas se pueden detectar con herramientas de verificación y recurriendo a fuentes confiables. Hay otro aspecto un poco más complejo. Como seres humanos que somos, nos creamos entornos de confianza en los que nos sentimos más cómodos. Por lo tanto, también tendemos a seguir en las redes sociales aquellas cuentas que tienen una visión del mundo que nos resulta cómoda y compatible con la nuestra. Esto genera “burbujas de sesgo” que polarizan posiciones y que es importante romper para contraponer puntos de vista. Seguro que si ahora comparamos nuestros timelines de Twitter habrá dos realidades paralelas que los dos podemos creer que son la correcta. Y no es así.

¿Cuáles son las claves principales para realizar una campaña de redes sociales para una empresa de manera efectiva y atractiva?

Para mí el pilar básico es encontrar tu propio código. Cada marca (independientemente de que sea una empresa, una institución, un medio, una entidad, etc.) tiene que encontrar un espacio de comunicación donde se la pueda reconocer entre todo el ruido que hay en las redes sociales. Y aquí intervienen diferentes factores: el cuidado en los contenidos, el diseño gráfico y visual, un relato, los formatos utilizados, etc. Como en cualquier estrategia de comunicación es imprescindible ser muy flexible en los formatos y tener capacidad de adaptación. Primero era el texto, después la imagen fija, el video, los stories. Ahora los GIFS y los stickers y posiblemente después vengan experiencias más inmersivas y de personalización de contenidos. Con todo este cajón de posibilidades hay que difundir cada mensaje en el apoyo y en la red social que más le convenga para potenciar la interacción con las audiencias y que se puedan reconocer en aquello que comunicas. Después hay los clásicos: la constancia, la planificación (porque incluso el acto comunicativo más espontáneo requiere una conceptualización previa) y para mí una cosa capital: la corrección lingüística.

¿Es importante que los medios tradicionales estén presentes en redes sociales? ¿De qué manera?

Creo que es imprescindible. De hecho, creo que los medios de comunicación ya no son “tradicionales”. De una manera o de otra son plataformas de comunicación con diferentes ventanas de emisión: diario de papel y web, radios con web, apps y servicios de podcasting o, el caso de À Punt, televisión, radio, web y redes sociales con contenidos que transitan a través de todas las ventanas. Las combinaciones son infinitas. Es muy importante estar presentes no únicamente desde el punto de vista empresarial de monetización y creación de audiencias, que obviamente son clave. Es importante también para ofrecer fuentes próximas y confiables a la ciudadanía en esas “burbujas” de las que hablábamos antes y también porque las mejores historias llegan a la ciudadanía en los formatos que les son más naturales de consumir y en los cuales se pueden reconocer más cómodamente. Creo que se puede hacer periodismo en las redes sociales y que no tienen que ser un contenido subsidiario de otra ventana. Complementario, en todo caso.

¿Qué mensaje le transmitirías a los estudiantes de Periodismo? ¿Hay futuro en la profesión para ellos?

Volvemos a los conceptos de vocación, oficio y trabajo. Creo que es una vocación o un oficio precioso, pero es indudable que el periodismo pasa por un estadio de transformación profunda y por un contexto de precariedad en las condiciones en las que se ejerce, tanto por las condiciones de trabajo como por la buena salud de la libertad de expresión. Creo que hay futuro porque se comunica más que nunca, pero también cada vez menos desde los medios “tradicionales”. Es básico generar proyectos alentadores y novedosos porque no sabemos qué viene después, así que una cosa imprescindible para un buen oficio es no perder la curiosidad.

Por @casas_castro

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La publicidad de Instagram me persigue

¡SOS! Hace meses que la publicidad de Instagram me sigue a todos lados. Concretamente, anuncios de zapatos inundan mi muro. Cada tres imágenes de amigos y conocidos, me aparece tal o cual marca en cuya segmentación he caído. También aparece algún que otro negocio que, a la hora de definir su público objetivo, el algoritmo (sí, esa palabra de la que muchos hablan, pero pocos saben) ha decidido que yo era parte del target.

¿A qué se debe que en mi Instagram aparezca publicidad de una marca tras otra de zapatos? En este caso porque a principios de verano me saltó un anuncio con unas sandalias preciosas. No pude resistirme a ver cuál era el precio y cliqué para visitar la web. No acabé realizando la conversión, es decir, la compra, por lo que me quedé en la zona de “atracción” según el llamado funnel de ventas en marketing digital. Personalmente, me echó atrás su coste, la verdad.

Esta interacción, por inocente que parezca, es la que motiva que el algoritmo (sí, volvemos a ello) deduzca que estos productos me interesan y me incluye dentro de las motivaciones que se pueden realizar cuando se segmenta el público objetivo en la confección de un anuncio. Por ejemplo: intereses relacionados con la moda. Como el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, esa misma semana me topé con otra publicidad en Instagram de unas sandalias maravillosas. Accedí al perfil de la red social para conocer más sobre la marca. Y, zas, el algoritmo (otra vez…) me ha capturado. Dos meses ya.

Cuando se realiza una campaña de publicidad en Instagram o Facebook uno de los factores que se tiene en cuenta a la hora de dirigir un anuncio es la interacción que esa persona realiza. Puede ser a través de un “like”, un comentario o haciendo clic en el enlace. Estas plataformas entienden que te ha cautivado dicha publicación y que conecta con tus intereses, por lo que te muestran marcas o productos similares. Y a esto no podemos escapar porque el algoritmo (siempre él…) está constituido para que vigile nuestros pasos y ayude así a la optimización comercial de las empresas.

Esta forma de actuar de las redes sociales no sería negativa si no bombardearan continuamente con este tipo de anuncios. De hecho, a mí me ha ayudado a conocer marcas, sobre todo, pequeñas, que no tienen otra forma de llegar a sus públicos, y cuyos productos me han fascinado por calidad y precio. Si bien es cierto que Facebook cuenta con una opción para indicar que un anuncio no se muestre más de una vez a la semana, cuando se pone en marcha una campaña con el objetivo de interacciones suele aparecer a la gente una media de dos. Es decir, una persona ha llevado a cabo alguna acción con un anuncio, por lo que esta expuesta a que se le muestren más de esa misma marca.

Mientras la publicidad en redes sociales se va optimizando para hacer llegar el mensaje preciso a su correspondiente consumidor –se personaliza cada vez más-, nos vamos a encontrar con este tipo de situaciones. A veces molestan y otras ayudan en la búsqueda de un producto o servicio, por lo que todo el trabajo de nuestro amigo el algoritmo no se hace en vano. Mientras, seguiré viendo más zapatos.

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“Soy hijo de la televisión que me parió a mí y a toda una generación”

Después de pasar por televisiones autonómicas y nacionales como reportero y redactor, el periodista Joan López (@joan_lopez) vive en la actualidad un buen momento como presentador del magazine de las tardes de la valenciana À Punt, À Punt Directe, junto a Carolina Ferre, a la que considera su maestra televisiva. Esfuerzo y dedicación de años por su parte que han dado sus frutos, sin perder de vista, como él mismo aconseja a los jóvenes estudiantes, que la pequeña pantalla es solo un medio y que el periodismo tiene otras muchas ventanas que puede y debe abrir.

¿Cuándo comenzaste a interesarte por el mundo del periodismo y de la televisión? ¿Hubo algún momento antes de la Universidad que hizo saltar esa chispa?

Nací el año en el que se iniciaron las emisiones regulares por las mañanas. De algún modo soy hijo de la televisión que me parió a mí y a toda una generación. Crecí los viernes con Sensación de Vivir, el Juego de la Oca, etc. Recuerdo ver a Joan Monleón y su catártica paella rusa. Los jueves tocaba Médico de familia o Farmacia de guardia. Mis padres fueron padres muy jóvenes y cuando entró la primera SONY en casa mi padre pasaba las horas grabándonos a mi hermana y a mí y editando los vídeos con rótulos y créditos. Creo que verme en la tele de casa ha sido algo muy familiar. También vengo del mundo teatral y eso allana el camino. Siempre me ha gustado contar cosas y que me escuchen. Soy un juglar perdido en el tiempo que está encontrando su espacio. En la carrera fui becario como jefe de Política en el periódico de la universidad. Hasta que un día un profesor viéndome imitar a un presidente de la Diputación me dijo: “tú tienes que hacer tele”.

¿Cuáles son las claves para realizar un directo en un magazine delante de una cámara de manera clara, cercana y veraz?

En la tele no se puede mentir y menos ahora que emitimos en HD; se ve la trampa enseguida. Por eso la clave para encontrar la cercanía es la preparación, todo el trabajo de redacción que no se ve. Escribir parte de mi propio guion me ayuda mucho. Escribo como hablo.

¿Cómo está siendo tu experiencia dentro de la autonómica À Punt? ¿Cuáles son sus puntos fuertes y qué ofrece al espectador frente a la desaparecida Canal 9?

À Punt me ha brindado un salto cualitativo en mi carrera. Es la gran oportunidad. Había sido reportero en la antigua Canal 9 y redactor en varios programas, he hecho cuatro ediciones de Supervivientes en Honduras, etc. Pero ahora, de momento, presento. Si algo he aprendido en esta profesión es que todo es circunstancial. Yo salgo todos los días a ganarme el cariño del espectador, que es lo que necesita À Punt: mucho cariño en tiempos convulsos de mucho ruido.

¿Son las redes sociales un medio relevante hoy en día para acercar la información al público o para interactuar con posibles fuentes? ¿En qué no hay que caer a través de ellas?

Las redes sociales son una herramienta fundamental para el trabajo de redacción: nos conecta fácilmente con entidades, colectivos, protagonistas anónimos y empresas. Gracias a las redes generamos contenido, pero hay que saber separar el trigo de la paja: Facebook invita a opinar de forma reflexiva, pausada y se pueden compartir piezas audiovisuales cortas como reportajes. Instagram es el gran escaparate donde se hace imagen de marca, corporativa y personal. Y después está Twitter, que solo sirve para consultar fuentes oficiales como policía o 112 en incendios, avisos y comunicados, o para generar mucho ruido a través del eructo del tuit con pseudónimo, que me interesa muy poco.

¿Qué mensaje le darías a los jóvenes estudiantes de Periodismo que sueñan con vivir de nuestra profesión y trabajar en televisión?

Para vivir del periodismo hay que ser el mejor y para ser un buen periodista primero hay que ser una gran persona. No se puede separar una cosa de la otra. He tenido una gran maestra de la naturalidad a mi lado, Carolina Ferre, y la humanidad ha sido la asignatura de la que jamás me examinaron y, sin embargo, todos los medios en los que he estado me la han exigido. Hay que tener una curiosidad insaciable, una educación exquisita, sentido del humor, formación actoral, disciplina deportiva, constancia, mucha paciencia y perseverancia. Y nunca jamás olvidar que la tele no es más que un medio. Y que el periodismo tiene otras muchas ventanas que puede y debe abrir.

Por @casas_castro
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“Las redes sociales son el escaparate de moda más fuerte de la historia”

El periodismo de moda es uno de los sectores informativos más consumidos de nuestro país y las redes sociales se han convertido en su mejor escaparate de difusión a través del trabajo de influencers de tendencias. Ello lo sabe muy bien la periodista Estefanía García (@estefaniac2t), que actualmente es subdirectora de la Escuela Superior de Marketing y Moda Idacem y creadora de la firma de moda once Madrid.

¿Cuáles son las claves para realizar periodismo sobre moda de manera clara, cercana y veraz?

Mantener siempre la independencia de criterios por encima de las corrientes de moda (tendencias).  Hay que ser consecuente con tu gusto personal de la misma forma que hay que ampliar tus miras para ser permeable al talento al margen del sesgo que nos genera nuestro propio sesgo estético. Es decir, a mi puede que no me guste OFF-WHITE (marca de moda italiana), pero sé lo que representa, lo que significa y el papel que juega en la moda contemporánea. Lo valoro y lo tengo en cuenta.

¿Qué mensaje principal es el que os gusta transmitir a vuestros estudiantes de Idacem a la hora de trabajar la moda como sujeto ‘marketiniano’?

Sobre todo, la idea de la que la moda es, por encima de todo, un negocio, que a veces se olvida al amparo de lo artístico o lo creativo. Y que como negocio requiere que los números no solamente salgan, si no que todo se dirige a maximizar las ventas. De hecho, una de las bases del marketing, renovar constantemente el producto, es probablemente una de las características más descriptivas de la moda. Por eso surgen las tendencias y por eso en moda se dice que “todo vuelve”. Aunque lo que no se cuenta es que lo hace con carácter “renovado”, gracias al ejercicio de marketing que hay detrás tenemos la sensación de que aquello que compramos es novedoso y, de hecho, por eso lo compramos). Por ejemplo, las hombreras de los años 40 no son las de los 80 y las de los 80 tampoco son las que rescató en su momento Christophe Decarnin para el relanzamiento de BALMAIN.

¿Qué han supuesto redes sociales como Instagram para el mundo de la moda y para la llegada de nuevos perfiles que influyen en el público de manera tan cercana con sus fotografías? ¿Son un buen escaparate para la moda?

Las redes sociales no es que sean un buen escaparate de la moda, es que son indudablemente el escaparate de moda más fuerte de la historia, gracias a elementos como la proximidad y la inmediatez, además de por su valor aspiracional y su talante estético.

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Cómo conseguir engagement en Instagram y no morir en el intento

El engagement es fundamental en una red social, y si hablamos de Instagram aún más. Atraer a la gente para que, de forma natural, interactúen con una cuenta de empresa se ha convertido en el principal objetivo de muchas marcas. Sin embargo, existen unos “duendecillos” llamados algoritmos, que tanto se ha oído hablar de ellos y cuyas reglas numéricas hacen que las publicas aparezcan con mayor o menor frecuencia.

El engagement en Instagram se ve amenazado siempre que hay un cambio de algoritmos, de esas instrucciones que diseñan los programadores, y que acaban afectando de lleno a las cuentas de empresa. Los motivos son bien sencillos: hay que pasar por caja; sobre todo, desde que Facebook compró Instagram y se cercioró del amplísimo potencial de esta red social de imágenes.

De todas formas, existen algunos consejos para poder conseguir engagement en Instagram, crear comunidad e, incluso, poder fidelizar a los seguidores.

  • Contenido de calidad. Parece obvio y se ha repetido hasta la saciedad, pero las imágenes que se comparten en esta red social deben de tener muy buena calidad. No significa que no se pixele, sino que hay que trabajar las fotografías: que se hayan realizado expresamente, que se editen para incrementar la luz o potenciar aquello que interese, que sean únicas, etc. Hay que evitar por todos los medios utilizar bancos de imágenes, ya que desprestigian una marca, sobre todo, si se trata de un ecommerce que cuenta con productos propios.
  • Trabaja un feed coherente. Mucha gente no se queda solo con la primera imagen que se publica, sino que entra en el perfil de la marca. Lo primero que ve es el feed, siendo este la puerta de entrada a generar engagement. Para ello, se debe trabajar un panel coherente, con temáticas relacionadas con colores, productos, mensajes, etc. De hecho, los feed se suelen completar en filas de tres imágenes con una estética parecida, se rodea a la imagen de un cuadro blanco o se trocean en varias partes para que se aprecien más mayores en el propio panel. Otra táctica empleada radica en utilizar siempre un filtro, normalmente, claro
  • El vídeo sigue siendo el rey. Aunque Instagram no lo asegura, el vídeo se posiciona mucho mejor que una imagen y, por tanto, su poder de engagement es mucho mayor. Este formato se ha potenciado con los Stories y con IGTV; de hecho, este último va a comenzara a aparecer en los muros de la gente, de manera que ayudará a atraer a los creadores de contenido audiovisual hasta ahora aglutinados principalmente en Youtube.
  • ¿Stories o publicación? ¿Y por qué no ambas? Un formato no descarta al otro, sino que se complementan. Incluso se pueden comunicar dos cosas distintas, crear una narrativa transmedia o, incluso, puede ser un mismo mensaje que se quiera reforzar.
  • No se pueden olvidar los hashtags –que hay quien recomienda ordenarlos de forma alfabética – para lograr más engagement en Instagram; utilizar textos cortos pero con originalidad, “chispa” y cercanía; emplear emoticonos; y, en definitiva, compartir contenido que aporte algo a la audiencia. De esta manera, cuanto más interactúe la gente con una publicación o cuenta, más aparecerá en su perfil. En este sentido, Instagram funciona de manera muy similar a Facebook, por lo que cuantas más personas den un like o realicen un comentario surgirá con una probabilidad mayor en los muros del público que nos interesa.

    Foto: Instagram de @symmetribreakfast

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“Los lectores se ganan de uno en uno y se pierden de cien en cien”

El periodista sevillano Antonio Salvador (@ajsalvador70) fue, junto a su compañero Sebastián Torres, uno de los primeros profesionales en revelar algunos de los puntos más relevantes que servirían al juzgado durante la fase de instrucción en el caso ERE y que plasmaría en el libro El saqueo de los ERE (Libros.com, 2015). En la actualidad Salvador trabaja en el diario El Independiente y es profesor de Periodismo en el Centro Universitario EUSA de Sevilla.

¿Cómo definirías la profesión de periodista?

Un oficio apasionante que obliga al profesional a ofrecer cada día lo mejor de sí por el compromiso que tiene con el lector. La dedicación, la presión, las horas robadas…Todo lo justifica la consecución de una buena historia. Como dijo el maestro Raúl del Pozo, al periodismo no se viene a ganar dinero ni a hacer amigos. Quien quiera dedicarse al periodismo debe tener claro esta premisa.

¿Cuál es el panorama del periodismo en las principales cabeceras andaluzas?

Obviamente, los medios andaluces no han sido ajenos a la tormenta perfecta que ha supuesto el cambio de modelo de negocio derivado de la irrupción de internet y la recesión económica, que ha hundido las cuentas de resultados de los principales grupos periodísticos y ha dejado esquilmadas las redacciones por continuos ajustes de plantilla e incesantes despidos de periodistas. También se ha registrado el cierre de cabeceras históricas, caso del periódico El Correo de Andalucía, decano de la prensa sevillana. La coyuntura ha sido la misma para los medios nacionales y andaluces, pero quizá la debilidad empresarial de los grupos hace que se agrave la situación en esta comunidad. La oferta informativa se ha reducido de manera considerable. Me pregunto si el ciudadano es consciente de lo que supone una prensa débil para poder cumplir su cometido de contrapeso del poder. No sólo deberíamos estar preocupados los periodistas por esta situación.

¿Cuáles son las claves para hacer periodismo cercano al lector, veraz y de calidad?

Salir de la redacción, pisar la calle, ir a los sitios a contar historias cotidianas de gran interés que nos pasan desapercibidas, hablar con la gente cara a cara y disponer de ‘tiempo’ para poder armar bien los relatos, documentados y contrastados. Sí, tiempo. Trabajamos bajo la presión del reloj por intentar ser los primeros en lanzar la pieza y conseguir el clic. Claro que el periodismo siempre ha consistido en adelantarse a la competencia, pero cada vez es más frecuente leer informaciones precipitadas en las que prima más ser el primero que la calidad. Y, por supuesto, todo bajo un firme compromiso ético. El fin no puede justificar los medios. Los lectores se ganan de uno en uno y se pierden de cien en cien. Un titular engañoso o la inclusión de datos no suficientemente verificados puede convertirse en una invitación irrechazable para que el consumidor de información nos dé la espalda.

¿Qué supuso en Andalucía y para vosotros, los autores, como periodistas la publicación de El saqueo de los ERE? ¿Qué balance haces del proceso de investigación que llevasteis a cabo?

La cobertura que, junto a mi compañero Sebastián Torres, hicimos en El Mundo de Andalucía ayudó sin duda a esclarecer hechos de esta complejísima causa. Nos consta que algunas de nuestras revelaciones fueron tenidas en cuenta por el juzgado durante la fase de instrucción. A nivel personal, el caso ERE nos ha dado reconocimiento a nivel nacional y un enriquecimiento intelectual y profesional impagable. Sé muchas más cosas de las que sabía antes de que iniciara la cobertura y muchos de esos conocimientos los aplico casi a diario en mis nuevos cometidos. También nos dio la oportunidad de volcar nuestro conocimiento del caso en un libro, El saqueo de los ERE, el primero que vio la luz sobre la causa cuya investigación inició la juez Mercedes Alaya en enero de 2011. Muy posiblemente, el caso ERE marcará mi carrera profesional.

¿Hacia dónde se dirige la profesión desde los últimos años? ¿Es posible la rentabilidad real de los medios digitales, sin depender solo de la publicidad?

Desde hace años vengo leyendo que está cercano el momento en que los medios digitales den con la tecla y alcancen la sostenibilidad económica. Salvo honrosas excepciones, caso de El Confidencial, la gran mayoría de cabeceras no ha logrado todavía hacer rentable sus negocios. El mercado publicitario está dando señales de que no crece como muchos ejecutivos intuían y la supervivencia pasará inexcusablemente por la captación de vías de ingresos alternativos. El lector tiene que pagar por consumir información, igual que paga cuando va a la panadería del barrio a comprar los bollos. ¿Cuánto cuesta conseguir y redactar una información que le cuesta la carrera política a un ministro? ¿Cuánto cuesta formar a un periodista? ¿Las noticias tienen que ser gratuitas? El ciudadano tiene que tomar conciencia de que, para que los medios no tengan la tentación de acercarse en exceso al poder político o económico, estos tienen que ser rabiosamente independientes desde el punto de vista económico. Sin periodismo no hay democracia y, con medios más débiles, las posibilidades de control sobre el poder son menores. Lamentablemente, no veo maduro el mercado para que repunten de forma significativa las suscripciones o que un volumen importante de lectores pague a cambio de información. Ahora bien, eso también exige a las empresas mejorar su oferta informativa con historias diferenciadas y que justifiquen que esa persona pague por recibirla.

¿Hay futuro en la profesión para los estudiantes de Periodismo? ¿Qué deberán tener en cuenta?

Nunca le he ocultado a mis alumnos del Centro Universitario EUSA de Sevilla que no corren los mejores años para entrar en la profesión, pero tampoco he sido cicatero a la hora de animarles y hacerles ver que tienen que formarse adecuadamente para aprovechar la ocasión cuando se les presente. Quiero pensar que, después de estos años de turbulencias, se aclare el horizonte y vivamos una nueva edad de oro del periodismo. Las dificultades no deben servir para bajar los brazos, sino para apretar los dientes y buscar la oportunidad con más ahínco.

Por @casas_castro

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Los medios tradicionales se apoyan en sus muletas digitales

Los medios tradicionales han cedido terreno en favor de formatos digitales que se adaptan mejor a las inquietudes del consumidor contemporáneo. La creciente transversalidad entre dispositivos y el gusto por la narrativa transmedia hacen que los soportes clásicos se vean obligados a explorar variantes modernas con las que adecuarse a las exigencias de un entorno acelerado y cambiante. Las audiencias se han mudado a lo digital y los grandes grupos de comunicación las han seguido tratando de ofrecer soluciones híbridas que taponen la sangría de consumidores.

Así, en los últimos años, la oferta y consumo de medios ‘online’ de televisión, radio y prensa diaria ha contribuido a mantener los niveles de audiencia de los soportes tradicionales, según constata la agencia de medios Ymedia en un informe titulado “Los medios tradicionales en la ola digital”. Según sus datos –apoyados en el EGM o comScore–, los niveles de audiencias medias entre 2013 y 2019 se han mantenido o han descendido ligeramente.

Al detalle: la penetración diaria de la televisión se redujo del 90 al 88% en el periodo, con un descenso del consumo convencional de 3,6 puntos hasta el 85,1%, mientras el visionado “online” de programas, series y películas crecía hasta el 12,9%. Por su parte, la penetración de la radio pasó del 61,5 al 57,1%, mientras que los consumos convencionales y digitales descendían y crecían respectivamente: -3,3 puntos hasta el 56, 7% y +1,4 puntos hasta el 4,1%. En última instancia, la prensa diaria, aun manteniendo los niveles de audiencia entre el 44,0 y el 42,0% entre 2013 y 2019, experimentó un cambio de formatos radical: la lectura en papel cayó 9,9 puntos hasta 22,7%, la lectura digital aumentó en 8,2 puntos hasta el 27,5%.

Es decir, los medios con más solera en nuestro país han sabido adaptarse a los condicionantes del nuevo tablero mediático –mayor oferta de cabeceras, fragmentación de los contenidos, irrupción de las redes sociales como canales de distribución casi hegemónicos, descrédito y precariedad en el sector– hasta el punto de conservar volúmenes de audiencia inverosímiles, casi anacrónicos en tiempos de oferta nicho. Desplazaron parte de su producción al contexto digital y hoy, aupados a lomos de sus marcas consolidadas, mantienen el pulso a los nativos de Internet.

¿Y cuál es el futuro de la vieja guardia mediática? Según parece, más contenidos en los dos platillos de la balanza. Indagar en lo digital sin descuidar lo tradicional. Llevamos años preparándonos para la inminente muerte del papel, y el papel sigue recorriendo las planchas de impresión con la energía de un formato adolescente. Así pues, el periodismo seguirá excursionando fuera de su zona de confort a la caza de nuevas historias y públicos, pero, en el corto plazo, volverá irremediablemente a los formatos clásicos que históricamente le han dado de comer.

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Twitter pone coto a Donald Trump

Parece que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, va a ser señalado por Twitter cada vez que incumpla las reglas establecidas por esta red de microbloggin. La plataforma ha anunciado que etiquetará los tweets de los personajes políticos que no sigan sus normas de conducta, una iniciativa que resulta cuanto menos curiosa, ya que aparenta haberse hecho por y para Trump.

Twitter también ha querido resaltar con esta iniciativa que estas medidas que se toman sobre un comportamiento abusivo se aplican al tweet en cuestión. De todas formas, si considera que posee un interés general, la publicación se va a mantener visible a todo el mundo; lo que va a hacer es etiquetarlo. Así pues, la medida se aplica a aquellas cuentas verificadas que aglutinen un mínimo de 100.000 seguidores y pertenecen a perfiles relacionados con la actividad política.

En este sentido, según explica la compañía, están prohibidas las amenazas, la glorificación de la violencia, la intimidación, el acoso dirigido y la incitación de otros a hostigar. También puede eliminar lo que llama “conducta odiosa” y que conlleva amenazas o acoso por motivos de raza, religión, género u orientación sexual.

El aviso que Twitter puede realizar se hará inmediatamente visible en el timeline o cuando se busque a esa persona o tweet concreto. Para ello, la red de microbloggin ha creado un equipo especial que se mantendrá alerta y estudiará este tipo de cuentas con el fin de determinar si están cumpliendo sus reglas. Entre otras cosas, la red pediría a la cuenta y, por tanto, a la persona que la gestiona, eliminar esa publicación. Cuando un perfil recibe dicho aviso, el tweet destacará menos tanto en la búsqueda, como en el timeline, así como en otro tipo de notificaciones que trata de resaltar los comentarios de personas influyentes.

A través de esta medida, la compañía quiere poner coto a las conductas abusivas de algunos líderes mundiales que no tienen pelos en la lengua a la hora de referirse a temas sensibles. Solo hace falta echar un vistazo al perfil de Donald Trump y ver que cada vez que “habla” se genera una gran expectación, llegando a influir en miles de personas de todo el mundo. De esta manera, se pretende que la responsabilidad que llevan aparejada estos políticos se puede ejercitar de una manera más prudente. Eso sí, no han faltado quejas, como la del propio hijo del presidente de Estados Unidos, dejando entrever una falta de libertad de expresión en la plataforma.

Foto: LS d’Avalonia

Los futuros periodistas ya no quieren escribir

Un mar de portátiles con la manzana mordisqueada y detrás, como atrincherados, una exposición de caretos con la mirada clavada en la pantalla. O perdida. Mentes absortas en su mundo interior. Es una estampa bastante habitual en las clases de periodismo. En especial en los últimos cursos del grado, cuando la distracción es más pausada y silente que en el inicio de la carrera, momento en el que el salto a la Universidad genera un desasosiego hormonal efervescente.

La desafección hacia el profesor, la rebelión en el aula (sea cual sea su versión) y la jura de bandera pirata por parte de los alumnos es parte de la carga que todo docente lleva en la mochila. Son las circunstancias de la edad. Pero en los últimos tiempos (al menos desde hace un par de lustros) se ha producido un salto cualitativo que podría resumirse en que el alumno ha evolucionado desde el agnosticismo al ateísmo sobre la profesión. Es la percepción generalizada que se tiene del sistema de enseñanza reglada del periodismo, de las posibilidades de encontrar un empleo digno como contador de historias (que no es otra cosa este oficio) y del sentido mismo que tiene el periodismo en las circunstancias actuales de la doble crisis del sector: la derivada de la caída de la inversión publicitaria no recuperada tras la crisis y la del modelo de negocio con la revolución digital.

Los actuales alumnos, nativos digitales todos ellos, han nacido portadores de una genética audiovisual que condiciona y determina su percepción del “oficio más hermoso del mundo”. Un texto de 10 líneas es aceptable, de 20 es largo y cuando no cabe en una página es eterno, enciclopédico… la biblia.

Lejos de soñar con un profesor que no ponga límites a la libertad creativa, hoy los alumnos hijos de las redes sociales improvisan manifestaciones de desaprobación cuando se les incita a elaborar un reportaje en profundidad o un análisis de 2.500 caracteres. Alargar un texto es una forma de perder el tiempo. Para unas generaciones que tienen prisa. Para quienes han mamado el tiempo en formato píldora, al socaire de las redes sociales, de tal forma que las horas son años y los minutos, meses.

Como antes y como toda la vida, los planes de estudio, dice el alumnado, no responden a las necesidades del mercado, no interesan lo más mínimo y en los cuatro años nunca se ha estudiado nada. Y donde se dice nada, póngase la exigencia del día en el ejercicio de turno que se mande realizar. Como hace unos años y como siempre, son una inmensa minoría los alumnos que leen la prensa diariamiente, o una vez al mes, o a la semana, o al año.

En la época dorada de los periódicos de papel eran contados los estudiantes que acudían al quiosco. Hoy pueden contarse con los dedos de una mano los que están abonados a algún diario digital o aquellos que alguna vez se pasan por un quiosco. La cultura de lo gratuito, uno de los grandes logros de Internet, lo ha invadido todo. No interesa y menos aún pagando. Lo mismo que antes pero en una proporción de alumnos abrumadoramente más escandalosa.

Entonces, ¿Por qué estudias Periodismo? Pues para aprovechar la nota de corte, que es de las más altas. ¿Y para escribir? ¿Ya nadie estudia periodismo para matar su frustrada vocación de escritor? Los hay, pero menos. Son pocos los que tienen el hábito de leer y, por tanto, la inquietud de escribir. Exactamente del mismo modo que hay niños que siguen soñando con ser policías o bomberos, pero son escasos en comparación con aquellos que sueñan con ser youtuber.

En la clase sigue estando representado el grupo, cada vez más equilibrado en cuanto a género, de los que estudian para dedicarse al periodismo deportivo. Para ver gratis a su equipo del alma. En esencia.

Y en las antípodas de este panorama mayoritario militan unos cuantos jóvenes estudiantes de periodismo que siguen incubando sus ilusiones y sus sueños en la hemeroteca construida por Gay Talese, Norman Mailer, Enric González, Manu Leguineche, Rosa María Calaf, Raúl del Pozo, Truman Capote, Ben Bradlee, Tom Wolfe, José Martí Gómez, Iñaki Gabilondo, Carl Bernstein o Bob Woodward.

Por Abril Antara